Vietnam de norte a sur

Visitamos Vietnam por rellenar un hueco personal. Nada sabía de las culturas orientales más allá de los tópicos. Así que desafiamos sentido común y resistencia física dispuestos a abordar las 24 horas de trayecto entre nuestra casa de A Coruña y nuestro hotel en Hanoi, capital de Vietnam. Hanoi se sitúa al norte de un país que se extiende como una lengüeta por el Pacífico más próximo al Índico. Entre aeropuerto y ciudad, descubrimos un territorio dividido en cientos de pequeñas fincas, el minifundismo a golpe de escuadra y cartabón. Al parecer, el sistema les funciona. En esta zona no plantan arroz porque el terreno, lindando con el río Rojo, es básicamente arenoso.

Así fue nuestro encuentro con una capital de seis millones de habitantes (contando área metropolitana): recorrido por el Barrio Antiguo a bordo de un triciclo taxi; una hora, dos euros. Edificios más bien destartalados a lo largo de calles estrechas a las cuales no vendría mal un punto más de higiene. Denso entramado de cables eléctricos. Diminutos taburetes de plástico donde sentarse a comer, charlar o jugar a las damas chinas. Calor sofocante y humedad. Muchos pies descalzos. Un tráfico inusitado. Scooters a miles, como termitas. Pequeños comercios plenos de baratijas.

Por la tarde, visitamos un teatro de marionetas acuáticas, pintoresco espectáculo ejecutado por casi veinte titiriteros y músicos. No dio para más el día. A la mañana siguiente, visita al Mausoleo de Ho Chi Minh, bloque granítico al estilo utilizado con otros líderes comunistas. El hombre quería algo modesto pero sus últimas voluntades no fueron respetadas. Allí mismo se encuentra la que fue su residencia, en un parque con vocación de jardín botánico. En realidad, el héroe de la independencia vietnamita ocupó una modesta casa de madera -la Casa Zancuda- a poca distancia del palacio presidencial. El lugar también acoge la Pagoda de un solo pilar (el budismo siempre presente, incluso aquí) y alguna otra curiosidad. Entre ellas, la flor de loto, símbolo budista, o las banderas de cinco colores que representan los cinco elementos según la filosofía china tradicional: agua, tierra, fuego, metal y madera (por los cuatro de Occidente: agua, tierra, fuego y aire). En uno de los templos, encontramos fotografías de difuntos señalados con la esvástica, símbolo que significa “prosperidad, buena fortuna” para los budistas.

Continuamos al Templo de la Literatura, dedicado a Confucio. Los templos en Vietnam se dedican a personalidades destacadas y las pagodas a Buda en sus distintas manifestaciones. El Templo de la Literatura se extiende a lo largo de cinco patios, uno por elemento. Seguimos visitando distintas pagodas donde descubrimos la curiosa tradición de ofrecer frutas y otras viandas a las deidades allí representadas. Por señalar alguna, nos quedamos con Tran Quoc y con el templo de Ngoc Son, en el lago Hoan Kiem al final del puente Rojo. Hanoi, por cierto, es rico en lagunas, lo que implica un cierto desahogo para una ciudad con tal nivel de caos y ruido. Última visita: el Museo de la Historia, que nos demuestra cómo los distintos pueblos se han comportado de manera homogénea en aras a la supervivencia y se han diferenciado, sin embargo, en cuestión de arte y creencias.

La bahía de Halong representó una de las decepciones del viaje, no por el paisaje, excepcional, sino por la explotación turística que se respira y por el exceso de horas impuestas en el programa. Un crucero de 2/3 horas sería suficiente. En camino para tomar el avión que nos conduciría a Hue, paramos en la pagoda seminario de Yen Tu, un complejo amplio que debería haber sido restaurado con algo más de cuidado. Llegamos a Hue, capital de Vietnam entre 1802 y 1945, donde visitamos la Ciudad Imperial, sede de los reyes títere, meras figuras decorativas manejadas por Francia. Después, la pagoda de Thien Mu y los templos funerarios de los emperadores Tu Duc y Khai Dinh. Estos templos se disponían en cinco zonas: patio de honor, estela, templo, tumba y lago. Un paseo, quizás prescindible, por el río Perfume, dio término a la estancia en esta ciudad de pasado rimbombante.

Tiramos en autobús para Hoi An. En el camino, hacemos parada en la laguna salada de Lang Co, lugar fotogénico, y en el Paso de las Nubes donde se localiza un antiguo enclave del ejército USA. Hoi An es Patrimonio de la Humanidad, una ciudad cruzada por el río Thu Bon el cual separa los distritos chino y japonés. El puente japonés, unido a una pagoda, es el símbolo de la ciudad. La concesión de la UNESCO se justifica por la sucesión de casas construidas entre los siglos XV y XIX que muestran una heterogeneidad de estilos e influencias. Se ha de visitar alguna casa específica, acondicionada ahora como museo; en nuestro caso, penetramos en la llamada Tan Ky. Me llamaron la atención, sobre todo, los dos altares instalados en el centro de la vivienda, uno dedicado a los difuntos de la familia, a los que se reza el 1 y 15 de cada mes del año lunar, y el ofrendado a Buda Misericordia, al cual se reza, con incienso, todos los días antes de salir al exterior. No lejos de Hoi An se encuentran las Montañas de Mármol; en sus pasos y cuevas se han esculpido altares hinduistas y budistas y se han construido pagodas y templos. Durante la Guerra del Vietnam, una de sus mayores cuevas fue utilizada como hospital.

Como último destino del viaje, recalamos en Saigón, hoy Ciudad Ho Chi Minh. No es capital aunque sus infraestructuras y su nivel de desarrollo lo merecerían. El tráfico en Saigón recuerda al enjambre de Hanoi. También la multitud de pagodas y templos.

Nos llamaron la atención especialmente Thien Hau, en el barrio chino de Cholon, y sobre todo, la pagoda del Emperador de Jade en la cual los fieles adoran exóticas esculturas vinculadas a Buda entre la niebla del incienso. Ciudad Ho Chi Minh presenta múltiples atractivos: su oficina de Correos diseñada por Gustav Eiffel, la Torre Bitexco que ofrece una vista panorámica espléndida, el estremecedor Museo de los Restos de la Guerra, el Museo de Bellas Artes con una importante colección de pinturas con motivos bélicos, el Museo de Medicina tradicional vietnamita, los túneles de Cu Chi o el delta del Mecong y sus casas flotantes. Un consejo final: como despedida, asiste al “A O Show” del Teatro de la Ópera, un espectáculo que combina de manera sublime las tradiciones de este país, la vanguardia expresionista y los deseos de felicidad para hombres y mujeres de buena voluntad.

Ve también “Lo que aprendimos en Vietnam

 

Lo que aprendimos en Vietnam

Los vietnamitas quieren vivir en paz. Son 92 millones. Su historia muestra un pueblo en permanente conflicto con China y en esporádica pugna con distintos países, Francia, Estados Unidos, Camboya… Su raza no se diferencia de la raza china. Por ello, hasta 1945, año de su independencia definitiva (esperemos), se teñían los dientes de negro, para diferenciarse.

El Vietnam de hoy contempla vestigios del pasado colonial. En torno a 1850, Francia ataca la península indochina en su ánimo de controlar el negocio de materias primas y abrir una ruta comercial hacia China. Consigue apropiarse del territorio hoy ocupado por Laos, Camboya y Vietnam. Los franceses dividen Vietnam en tres zonas geográficas y gobiernan a su antojo a través de los llamados “reyes títere”.  España ayuda a Francia en la campaña de Cochinchina, la zona sur con capital en Saigón. Las sublevaciones contra los franceses siempre fracasan hasta que durante la Segunda Guerra Mundial, Vietnam es ocupada por Japón, país aliado de la Alemania nazi. El movimiento de liberación nacional, de ideología comunista y liderado por Ho Chi Minh, aprovecha la vulnerabilidad que propicia la Guerra Mundial para alzarse en armas y recuperar la soberanía del país. No obstante, nuevas acciones por parte de Francia provocan la continuidad del conflicto hasta la firma de la paz en 1954.

Lo que habría de ser un acuerdo entre Francia y los países que conformaban en aquel entonces Indochina, se convierte en un apaño entre China y Estados Unidos según el cual Vietnam se divide en dos: el norte dominado por China, el sur controlado por los yanquis. Un intento de unificación con hegemonía comunista es contestado por fuerzas contrarias al proyecto apoyadas por Estados Unidos. Enseguida estalla la confrontación que terminaría por convertirse en una de las guerras más sanguinarias y crueles de la historia contemporánea. Las barbaridades cometidas por el ejército norteamericano han quedado reflejadas en el Museo de la Guerra de Saigón, cuya visita resulta estremecedora. En 1975, tras veinte años de lucha y muerte, Estados Unidos es vencido. Vietnam queda destrozado. La llamada Guerra del Vietnam aún se recuerda vivamente y no es para menos. Lo que ocurrió en aquellos años no debe ser olvidado jamás.

Pero lejos de intentar instaurar la paz como principio de convivencia, Vietnam, apoyado por la Unión Soviética, atacó Camboya en 1979. Con ello, acabó con el régimen aterrador de Pol Pot y los jemeres rojos, éstos apoyados por China. Las fuerzas vietnamitas permanecen en Camboya (llamada entonces República de Kampuchea) hasta 1989. En ese momento, el Partido Comunista de Vietnam ya ha adoptado los principios de la economía capitalista con lo cual el país, finalmente, inaugura una época de paz y de búsqueda del bienestar y el progreso económico. El desarrollo se pone de manifiesto en los millones de motocicletas que inundan las carreteras y caminos vietnamitas que antes se poblaban, sobre todo, de bicicletas. El tráfico resulta un caos incontrolable lo que hace pensar que, quizás, el crecimiento económico se está produciendo de manera igualmente poco equilibrada.

La nación vietnamita se edifica sobre tres pilares: el confucionismo, que inspira su vida terrenal, el budismo, que delimita su vida espiritual, y Ho Chi Minh, padre de la patria. Para un observador occidental, no es sencillo comprender la presencia tan sólida de doctrinas emitidas por un pensador -chino- que vivió en el siglo V a.C. y su influencia, por ejemplo, en el papel secundario que se suele encomendar a la mujer en el Vietnam del siglo XXI. Tampoco es fácil de entender la condición divina que se atribuye a un asceta -de nuevo chino y también del siglo V aC- capaz de adoptar muy diversas variantes. Más difícil aún puede resultar asumir esa convivencia diríase que natural entre el dogma comunista y las creencias religiosas que se derivan del budismo.

En términos más concretos, el visitante occidental se conmoverá por el esfuerzo de unos ciclistas en chanclas que desplazan con inusitada habilidad sus triciclo taxi entre un enjambre de motocicletas -sobre todo-, automóviles, furgonetas y autobuses. Será sorprendido ese visitante por la forma en la cual los vietnamitas confraternizan sobre minúsculos taburetes plásticos apostados sin orden ni concierto a lo largo de las aceras. Si su estómago se lo permite, podrá degustar platos de la gastronomía local en uno de los miles de puestos abiertos al público. También adquirir cualquiera de las baratijas que, por millones, ocupan unas tiendas que recuerdan la oferta comercial del “Chino Antonio”. Le sorprenderá seguramente las mascarillas que, en múltiples diseños, utiliza buena parte de la población a fin de protegerse de la contaminación y de los rayos del sol. Se asombrará por el enorme cauce de los ríos que riegan este país tan exigido por sus arrozales. Quizás llamen su atención unos carteles informativos que nunca están en alfabeto chino sino en el “quoc ngu” vietnamita, un legado de los franceses en su intento de marcar distancia respecto a la gran potencia mandarín. Ese visitante occidental, tal vez, se sienta defraudado al visitar alguna de las miles de pagodas distribuidas en cualquier localidad vietnamita, e incluso por los templos dedicados a los reyes y emperadores cuya pompa y ornamentación se encuentran a años luz de los que lucieron en sus momentos de esplendor las monarquías más poderosas del planeta.

En los diez días que pasamos en Vietnam, apenas disfrutamos de paisajes impresionantes; tampoco vislumbramos monumentos extraordinarios o lugares que nos dejasen sin respiración. Sin embargo, quedamos cautivados por un pueblo que, ajeno a sus aparentes contradicciones, muestra un respeto orgulloso por sus tradiciones legendarias al tiempo que encara un futuro por fin alejado de aquellos tiempos de contienda permanente.

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Las gentes de Cataluña

Hace unos días, me lo confesaba una charnega, una catalana nieta de andaluces y extremeños. La califico del modo en que ella misma se identifica. Habla y con su gesto transmite un sentimiento de incomprensión e indefensión. Dice: “Nos están desquiciando, no sé lo que va a ser de nosotros”. Tiene algo más de treinta años, ha vivido en Jordania y Londres y jamás se consideró independentista. Creo que reproduzco sus palabras literalmente: “Yo me siento española pero no me permiten serlo”. Y afirma que el día 1 de Octubre saldrá a buscar una urna por toda la ciudad. Y que votará Sí “para ver si de este modo se enteran de algo”. Me muestra orgullosa en el móvil el vídeo de la última Diada. “Es sobre todo nuestra fiesta, que se celebra en un ambiente fraternal maravilloso. ¿Y qué han destacado? Al imbécil que quemó las banderas.”

El sentimiento de los catalanes

El caso que comento en el párrafo anterior reproduce el sentimiento de la mayoría en Cataluña; desde luego, de la mayoría en Barcelona. Desde hace diez años, vengo con regularidad a esta ciudad. He asistido a la metamorfosis que han producido durante este tiempo las políticas del Partido Popular. Las gentes de Cataluña se sienten agredidas desde 2009 cuando el Tribunal Constitucional derogó una parte relevante del Estatut aprobado en 2006. Se sienten menospreciadas cada vez que el gobierno del Partido Popular desoye sus demandas de autogobierno. Se sienten vilipendiadas cada vez que alguno de los medios “oficialistas” los ofende desde Madrid. Y se sienten excluidos cada vez que el establishment maniobra en contra de sus legítimas aspiraciones.

El sentimiento independentista en Cataluña se ha duplicado en apenas siete años. En el Partido Popular nadie parece haber estudiado las razones de una tan drástica evolución. Tampoco parecen preocuparle al PP las causas de esos seis años consecutivos de masivas Diadas reivindicativas. Desde luego, no se cuestionan los efectos que está provocando en la ciudadanía de Cataluña la agresiva campaña de coerción y represión lanzada por el gobierno Rajoy para impedir el referéndum del 1 de Octubre. Lo que piensan y sienten los ciudadanos de Cataluña –no sus partidos o sus instituciones– parece traerles sin cuidado.

Habría que preguntarse si esta falta total de empatía del PP respecto a los catalanes se explica por la recalcitrante estulticia de sus cargos (improbable), por el mandato cósmico de sus ancestros (quizás) o porque consideran que el enfrentamiento abierto y el enconamiento de las posturas constituyen los argumentos que les garantizan el mantenimiento en el poder (casi seguro).

Un nuevo gobierno como solución

Mi impresión personal (solo eso) después de diez años visitando Cataluña reiteradamente es que la mayoría de catalanes, más que separarse de España, lo que desean es segregarse del Partido Popular; o mejor: de la particular visión que el Partido Popular tiene de España. ¿Cuál es esta versión? Pues la de un país de pensamiento único, de cultura única y de nación única; un país en el cual la Justicia se pone al servicio del partido hegemónico; un país en el que la policía organiza impunemente investigaciones espurias; un país en el cual los medios de comunicación sirven a los intereses de los grupos de poder; un país donde la corrupción se ha generalizado y es amparada desde el ejecutivo; un país en el que impera la precariedad y la desigualdad social; un país que condecora vírgenes y subvenciona fundaciones franquistas; un país en el que la libertad de expresión depende del gusto de los clanes que manejan el cotarro; un país dividido, enfrentado, deprimido y desquiciado. En esa versión de país ellos saben gobernarse.

El Parlament de Cataluña ha convocado un referéndum que es una castaña y que carece de las mínimas garantías de legitimidad. La Generalitat se empeña en su celebración aun sabiendo de su nula representatividad. Hubo ocasiones para negociar las posturas de cada cual, todas ellas rechazadas. La actitud del gobierno Rajoy ha sido la negación, los tribunales y la policía. Y el recurso a los medios afines que aplauden y jalean cada movimiento. La ciudadanía de Cataluña asiste perplejo y se posiciona al lado de sus instituciones. El Partido Popular continúa impertérrito actuando en contra del sentimiento mayoritario de los catalanes y apelando a una legalidad que ellos han conculcado una y otra vez por activa y por pasiva. La brecha entre las dos realidades es ya inmensa.

Por eso la solución tras el 1-O no pasa por unas nuevas elecciones en Cataluña, como afirman algunos, sino por unos comicios generales. Es imprescindible formar un nuevo gobierno en España que sanee este ambiente contaminado, que tienda la mano, que acerque posturas, y que empiece la reconstrucción de este país a partir del modelo de convivencia que el ciudadano –catalán y español– está demandando a gritos. En un momento próximo y necesariamente sosegado, habrá que pactar un referéndum que calme los ánimos de un modo definitivo y deje atrás estos momentos de tanta vergüenza y desolación. Necesitamos un gobierno que considere y trate al ciudadano como el elemento clave y esencial de toda esta historia.

Artículo publicado en Mundiario

Sobre lo que ocurre en Cataluña

El conflicto entre el Partido Popular y Cataluña viene de julio 2006 cuando los visionarios dirigentes del PP decidieron presentar un recurso de inconstitucionalidad contra el nuevo Estatut, el cual había sido previamente aprobado por el Parlamento catalán y las Cortes Generales y refrendado en el correspondiente referéndum vinculante.

Por aquel entonces, el Partido Popular estaba en la oposición y el independentismo suponía el 14,9% del censo según el Centro de Estudios de Opinión. A partir de ahí todo cambió: el PP ganó por mayoría absoluta las elecciones generales de 2011 y el independentismo se convirtió en la primera opción de los votantes en Cataluña según datos del mismo instituto demoscópico (3ª oleada 2013: 48,5% Estado independiente frente al 21,3% que preferían una España federal, el 18,6% Cataluña Comunidad Autónoma y el 5,4% simple Región).

La cucaña del referéndum

El gobierno de la Generalitat ha anunciado para el próximo 1 de Octubre, un referéndum vinculante por la independencia de Cataluña. Quiere esto decir que si el resultado de la consulta fuese proclive a la secesión, el ejecutivo catalán declararía a continuación la independencia. Esto sobre el papel, naturalmente, y sin exigir, por cierto, un porcentaje de participación mínima.

¿Qué opción se revela como alternativa más probable? Hay que tenerlos bien colocados para hacer un pronóstico, o ser un inconsciente. Yo apuesto, con la humildad y la osadía del inconsciente, porque la cosa se quede en un simulacro tras el cual los unos y los otros puedan conservar, con un grado más de exacerbación, su posición actual.

Este referéndum se nos presenta como la cucaña de las fiestas del pueblo. Se intenta una y otra vez alcanzar la cima pero una y otra vez los candidatos se precipitan al agua. En eso consiste el sarao, en una serie interminable de chapuzones. Y nadie se siente defraudado. Cuanto más aparatosa la caída, mayor la celebración (hasta que de repente aparece un despistado que consigue llegar a la cúspide entre el estupor de los asistentes).

Esta cucaña se ha ensebado con kilos de tocino, por los unos y por los otros. Más fácil sería trepar por un palo seco. Es decir, intentar una negociación con distintos plazos y objetivos. Los avances serían lentos, habría etapas de remanso y otras de aceleración, pero estamos hablando de Historia. Hasta el más convencido de los independentistas habrá de reconocer que una relación tan estrecha –íntima se diría– como la que Cataluña y España han protagonizado estos últimos cinco siglos no se puede romper entre empellones y trapicheos. Sabe positivamente que un proceso de este calado exige el cumplimiento de una larga lista de requisitos de múltiple naturaleza que no se resolverán por mucho que se retuerza la voluntad popular.

Un referéndum de independencia exige, de entrada, otro escenario, y una valoración profunda de argumentos, y un debate amplio y sereno, y la ausencia de elementos distorsionadores. Y requiere para su implantación de una mayoría sólida y consolidada y un plan de acción exento de incertidumbres y unos dirigentes limpios de sospecha dispuestos a adoptar las posiciones generosas que la creación de un nuevo Estado demandaría.

Sin embargo, el referéndum que se está montando no pasa de “trapallada”, término gallego que viene a significar algo así como “chapuza para cuando eres incapaz de articular la solución adecuada”. Repasar la lista de inconveniencias, objeciones, reparos, tapujos y mascaradas que se han acumulado en estos últimos meses nos alejaría del modesto objetivo de esta colaboración.

Todos ganan

Lo peor: este referéndum no garantizaría en absoluto la representatividad de su resultado. Resulta bastante probable que el independentismo gane con holgura cuando la realidad ciudadana sea posiblemente otra. ¿Cómo es posible entonces que se haya llegado hasta aquí? En síntesis, porque a (casi) todos beneficia el referéndum y porque a (casi) nadie perjudica.

El mayor beneficiario es claramente el Partido Popular. En cualquier otro contexto, resultaría inimaginable que una organización política tan agujereada por escándalos e indecencia pudiese conservar su condición de fuerza mayoritaria. El “proceso catalán” sirve al PP no solo para sostener su base electoral sino también como excusa para restaurar sus convicciones más profundas, esas que lo colocan una y otra vez ante el espejo del franquismo. Es algo más que curioso, por ejemplo, contrastar la obsesión que los populares muestran con la Ley en materia de Cataluña y el desprecio que manifiestan en otras cuestiones como la Memoria Histórica.

El partido heredero de Convergencia, el llamado PDeCAT, se agarra al referéndum como a su última tabla de salvación. El legado del pujolismo, el flujo de corrupción que inunda sus estructuras y el rastro de la política neoliberal que aplicó con fruición durante la crisis, han hundido las expectativas electorales de un partido histórico que ha protagonizado una bastante lamentable refundación. El referéndum sería su trofeo y la independencia su probable revitalización.

Esquerra Republicana lo tiene claro como el agua. En 2006, propugnó el NO al nuevo Estatut, postura apoyada tan solo por el 20,76% de los votantes. En las elecciones al Parlament celebradas ese mismo año, había obtenido el 14% del total de votos. Pero es que en los comicios de 2010, alcanzó únicamente el 7%; pasó a ser la quinta fuerza en Cataluña. A partir de la sentencia del Tribunal Constitucional de 2011 que afeitaba el texto del Estatut, ERC experimentó un ascenso meteórico que la ha situado como primera organización política y eje central del modelo que termine instaurándose. Esquerra se lo debe todo al Partido Popular y a su postura beligerante contra Cataluña.

El PSC-PSOE vive el referéndum como el intervalo que precisa para su reconfiguración orgánica. Agarrado a la bandera de la plurinacionalidad que cosiera en los años de la Transición, espera recuperar terreno en su segundo gran bastión territorial. Sin Cataluña, el PSOE nunca ganará en España. Con el PP y Ciutadans dominando el exiguo segmento de conformes con el statu quo actual, el PSC solo puede morder en las carnes de ERC y de En Comú Podem. Por ello debe visualizar y difundir el mensaje del federalismo, que sin embargo no garantiza la recuperación de protagonismo. De acuerdo con el Centro de Estudios de Opinión, la opción federal se encuentra en su momento más débil, con apenas un 21,7% de las preferencias (1ª oleada 2017).

Para Ciutadans, el referéndum no solo le permite mantenerse en el candelero como fuerza de origen catalán sino que, al igual que ocurre con el Partido Popular, le da alas para mostrar su carácter jacobino más rancio (y seguramente genuino) y seguir apoyando al PP por mucho que el partido gobernante continúe incumpliendo las iniciales exigencias de C’s.

Así pues, todos ganan. O casi. Queda el partido -o lo que sea- de Iglesias y Colau, Podemos y sus famosas confluencias, que semejan cualquier cosa menos una organización cohesionada. Dirán, echando mano de su versión más pop, que la cohesión no es imprescindible en política, que bienvenida sea la diferencia y el contraste, que de la mistura de ingredientes discordantes, emanará la esencia más pura. Dirán lo que quieran utilizando esa retórica pseudofilosófica tan de la Complutense que apenas entiende el ciudadano medio. Por eso están bajando en las encuestas. Por eso, a ellos lo del referéndum, no les cuadra nada bien.

Artículo publicado el 14 de Julio en Mundiario con el título: 1-O: Un referéndum que beneficia a (casi) todos en Madrid y en Cataluña

Dez anos de artigos sobre o rural galego

Co último artigo publicado en Galicia Confidencial, que titulamos Os eucaliptos de Feijoo pero que ben poderiamos telo chamado “A desgraza do eucalipto para o rural galego”, pechamos unha xeira de dez anos publicando achegas sobre o medio rural. En conxunto, son 13 artigos que comezaron con tres colaboracións no hibernado Vieiros entre abril 2007 e maio 2009. Paga a pena volvelas ler e decatarnos de levar dez anos perdidos para a imprescindible transformación do rural galego. Nestes dez anos, iso si, plantáronse moitos millóns de eucaliptos e miles de hectáreas foron ocupadas por esta nefasta especie arbórea chegada das antípodas. Nunca máis lonxe…

Os eucaliptos de Feijoo, en Galicia Confidencial. 24/8/2017

A industria forestal, en Galicia Confidencial. 5/7/2016

Fonte de riqueza segundo o PP, en Galicia Confidencial. 7/4/2016

Ence: política miseria, en Galicia Confidencial. 9/2/2016

Agro miniaturizado, en Economía digital. 3/2/2016

Este país é unha ruina, en Economía digital. 18/10/2015

Un sector lácteo próspero, en Galegos. Setembro 2015

Sen reaccion no rural galego, en Economía digital. 28/11/2014

A paisaxe en Europa, en Galicia Confidencial. 14/5/2014

Lumes e lumes, en Galicia Confidencial. 3/9/2013

O rural, a solución: quen o ía dicir, en Vieiros. 11/5/2009

SOS rural galego, en Vieiros. 7/12/2007

Sen cambios na paisaxe, en Vieiros. 18/4/2007

Carta aberta ao presidente da Xunta 

Sr. Núñez Feijóo:

Vostede, como calquera outro cidadán que viaxe polo país adiante, terá contemplado a destrución que sofre a paisaxe galega pola invasión masiva e acelerada do eucalipto. Sabe que en apenas unhas poucas décadas, esta especie chegada de Australia tornouse a árbore hexemónica do territorio galego. Coñece tamén, ou debería, que nese mesmo período, a superficie agraria no país reduciuse de modo notable e outrosí a cota de mercado do noso produto agroalimentario.

Vostede, así o parecen indicar as súas repetidas declaracións públicas nos últimos meses, leva tempo dándolle voltas á política forestal de Galicia. Teñen no caixón un borrador de Lei e prevén ademais crear unha Axencia Forestal. A sentenza que repite con máis frecuencia é “racionalizar a superficie ocupada polo eucalipto observando as necesidades da industria”. Debe saber que a frase agocha un oxímoron: a industria forestal galega pretende continuar espallando a presenza do eucalipto mesmo en contra do medio natural e da economía de Galicia.

Vostede, que debe valorar a transcendencia de conservar as esencias que configuran a identidade deste país, ha saber que o eucalipto xa modificou drasticamente a paisaxe –e a fauna e flora– das provincias de A Coruña e Pontevedra así como do norte de Lugo, mentres que as bisbarras do interior empezan a sufrir as primeiras escaramuzas da especie australiana. Mesmo zonas de elevado valor medioambiental encóntranse en proceso de deturpación, nalgúns casos incipiente e noutros incluso avanzado.

Vostede, que como presidente buscará o progreso económico e social de Galicia, ha saber que en contra das manifestacións simples e intereseiras, o eucalipto só trae miseria non só ambiental e paisaxística; tamén económica. Calquera das grandes potencias madereiras de Europa exclúe o eucalipto entre as especies que explota. O caso galego, canda o portugués, son exemplos únicos no mundo de monocultivo forestal con especies alóctonas ou alleas ao seu medio propio. Ha saber que o cultivo de especies autóctonas e a potenciación da produción agraria sería notablemente máis produtivo para a economía galega –para o noso desenvolvemento– que a plantación masiva de eucalipto, o cal se dedica a pasta de papel e outros produtos sen valor engadido.

Vostede, que conta cun nutrido equipo de técnicos e asesores, debe saber que, con moi honrosas excepcións, o sector madeireiro galego compite principalmente a partir do acceso barato á madeira e que o seu obxectivo é reducir aínda máis os custos mediante o espallamento sen límites nin control do eucalipto. Vostede é consciente da presión que a industria está exercendo para convencer o seu goberno de paralizar as “medidas de racionalización”. Deica vostede seguramente teñan chegado manifestacións públicas de representantes do sector segundo as cales o futuro no interior do país pasa “polo eucalipto ou pola pobreza”, nun exemplo insólito de obcecación e extravío.

Vostede, cuxas decisións son fundamentais para o futuro deste país, ha ter en conta que máis do 80% das árbores que se plantan en Galicia son eucaliptos. E que de seguir esta progresión, o medio natural galego se terá convertido nun inmenso eucaliptal en poucas décadas. Con iso, Galicia renunciaría á súa identidade, á conservación do medio propio, á fonte básica da súa riqueza e ás súas posibilidades de desenvolvemento e progreso.

Vostede, que semella querer preservar o medio natural galego fronte á estratexia de depredación, debe saber que as normas que o seu goberno pretende implantar contra a posición da industria, non son suficientes en absoluto. O campo galego debe representar un grande proxecto de riqueza a partir da potenciación das súas enormes capacidades. E para iso, un requisito fundamental será reducir dun xeito drástico a presenza do eucalipto. Hai que paralizar a súa plantación pero ademais hai que eliminar os exemplares que invaden bosque outrora autóctono, que ocupan terreo de potencial produción agrogandeira e que deturpan as zonas de valor ambiental e paisaxístico.

Vostede, Sr. Núñez Feijóo, debe decidir: se dobrarse ante a posición da industria e deixar que estas empresas continúen competindo nos tramos baixos do sector a partir dunha materia prima barata e abundante, ou pensar no futuro do país, recuperar o terreo entregado ao eucalipto e articular de vez unha política de desenvolvemento económico e social a partir das grandes potencialidades do rural galego.

Artigo publicado en Galicia Confidencial

Atentado

Tan fácil como ponerse al volante de una furgoneta y pisar el acelerador. El carnet de conducir tan siniestro como la licencia de armas. Son ideas que nos rondan por la cabeza tras los atentados de Cataluña. Un cuchillo de cocina tan efectivo como una kaláshnikov.  ¡Qué sencillo es matar!

En perspectiva

Y sin embargo, han pasado trece años desde aquel 11M de Madrid. Los numerónimos facilitan la identificación de los atentados terroristas; pronto hablaremos del 17A. Lo cual no deja de ser una buena señal. El terror otrora diario, se ha vuelto por fortuna esporádico en España. El dolor por la tragedia no debe impedir la justa felicitación por la acción policial durante estos años en materia de prevención terrorista. Un dato: España se encuentra entre los diez países con una tasa menor de homicidios intencionados.

La elevada temperatura ambiente no facilita el análisis sosegado. Aun así, me atrevo a ofrecer una visión general sobre el grado de violencia imperante en el mundo y en Europa. Según datos del Banco Mundial, el índice de homicidios voluntarios por cada 100.000 habitantes muestra una gran disparidad en función de las distintas regiones del planeta. Mientras que, por ejemplo, América Latina y Caribe presenta un índice del 22,5 y África subsahariana del 9,5, Asia Oriental y Pacífico ofrece una tasa del 1,5 y la Unión Europea del 1,0 (España 0,7); en el medio, Estados Unidos se eleva hasta los 4,9 homicidios intencionados por 100.000 habitantes.

El Global Peace Index que publica anualmente el Institute for Economics and Peace, representa otra magnífica referencia para poner las cosas en perspectiva. Se elabora a partir de 23 indicadores que aplica a 165 países y mide el “nivel de paz” que se respira en cada uno de ellos. De acuerdo al GPI, España ocupa el puesto 23 con valores muy próximos a Alemania, Finlandia, Suecia, Bélgica u Holanda. De los diez países “más pacíficos”, ocho son europeos. Portugal, por cierto, ocupa el tercer puesto de este ilustrativo ranking mundial. El índice global mejoró suavemente respecto al año anterior aunque muestra un ligero deterioro en una comparativa a diez años.

Reacciones incendiarias

Debemos reconocer que el ser humano, con independencia de raza o religión, ha dado sobradas muestras de maldad a lo largo de la Historia. No podemos negar esa tendencia al odio y al delirio que con demasiada frecuencia se pone de manifiesto en matanzas de congéneres. Por eso se me antoja de un valor singular el concepto de Paz Positiva que utiliza el Institute for Economics and Peace.

Se entiende como Paz Positiva la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, reducir los agravios entre ellos y resolver los desacuerdos sin el uso de la violencia. A través de un concienzudo trabajo analítico, ha identificado las variables principales que favorecen esta llamada Paz Positiva, entre las cuales me permito destacar las siguientes: aceptación de los derechos de los demás, buenas relaciones entre la ciudadanía, altos niveles de capital humano y equitativa distribución de los recursos. Ya sé que nos enfrentamos a unos fanáticos que poco entienden de sociología. Pero igualmente estoy convencido de que la aplicación universal de los criterios anteriores se revela la mejor receta para disminuir la violencia en el mundo, también la yihadista.

Y esto debe empezar por las reacciones de los líderes de opinión. Frente a anteriores manifestaciones terroristas, la comunicación social se esforzaba por delimitar perfectamente a los causantes del horror. Se hablaba de terroristas de ETA, o de asesinos del GRAPO, o de criminales del GAL. Describir ahora como “islamistas” a los promotores del terror es una simplificación posiblemente interesada que nada beneficia a la resolución de este temible conflicto. Los asesinos de Cataluña son terroristas de ISIS o del Daesh, esta es la forma correcta de denominarlos.

Me resultan aborrecibles los mensajes de Isabel San Sebastián o de Alfonso Rojo. La primera lanzó el siguiente tweet en respuesta al primer atentado: “Malditos seáis, islamistas hijos de… Ya os echamos de aquí una vez y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática.” Por su parte, el periodista leonés, tiró de su controvertida ironía para advertir: “como saldrán los progres diciendo que el Islam no tiene nada que ver, hay que saber si el tipo es budista o mormón”. Impagables ejemplos de sectarismo. En dosis de xenofobia, solo les ha ganado Trump.

El artículo publicado en Mundiario

 

Médicos sen fronteiras

Versión en castellano

Igual que o fan as empresas do Ibex-35, ou as do Eurostoxx 50 ou as do Dow Jones, Médicos sen fronteiras tamén publica a súa Memoria anual. MSF non cotiza nas bolsas de valores. Ou si; trátase, tan só, dunha cuestión semántica. É o que ten a polisemia. Son socio de Médicos sen fronteiras polos seus valores, rigor e eficacia ademais de altruísmo e humanidade.

Que sería das memorias anuais sen números? Quedarían en imaxes a interpretar e de palabras sobre as que reflexionar. A transcendencia, a dimensión, chegan da man dos números. Estes son algúns que me parecen dignos de subliñar:

  • 2.246.200 consultas médicas realizadas
  • 135.000 doentes hospitalizados
  • 11.200 intervencións cirúrxicas realizadas
  • 33.800 partos atendidos
  • 441.100 vacinacións contra a meninxite, a febre amarela ou o sarampión
  • 421.100 doentes tratados de malaria
  • 64.700 nenos tratados de desnutrición severa
  • 26.120 vítimas de violencia atendidas
  • 4.100 enfermos de cólera tratados
  • 2.900 doentes con VIH tratados
  • 1.290 doentes con tuberculoses tratados
  • 885 doentes con Chagas ou kala azar tratados
  • 9.500 persoas rescatadas no Mediterráneo

Pómoslles nomes e caras? Pois non, non o facemos. Quedamos nos números porque personalizalos/humanizalos resultaríanos insoportable. Quizais algún día vexamos a Médicos sen Fronteiras cotizando na Bolsa de Madrid.

Médicos sin fronteras

Versión en galego

Igual que lo hacen las empresas del Ibex-35, o las del Eurostoxx 50 o las del Dow Jones, Médicos sin fronteras también publica su Memoria anual. MSF no cotiza en las bolsas de valores. O sí; se trata, tan solo, de una cuestión semántica. Es lo que tiene la polisemia. Soy socio de Médicos sin fronteras por sus valores, rigor y eficacia además de altruismo y humanidad.

¿Qué sería de las memorias anuales sin números? Se quedarían en imágenes a interpretar y de palabras sobre las que reflexionar. La trascendencia, la dimensión, llegan de la mano de los números. Estos son algunos que me parecen dignos de reseña:

  • 2.246.200 consultas médicas realizadas
  • 135.000 pacientes hospitalizados
  • 11.200 intervenciones quirúrgicas realizadas
  • 33.800 partos atendidos
  • 441.100 vacunaciones contra la meningitis, la fiebre amarilla o el sarampión
  • 421.100 pacientes tratados de malaria
  • 64.700 niños tratados de desnutrición severa
  • 26.120 víctimas de violencia atendidas
  • 4.100 enfermos de cólera tratados
  • 2.900 pacientes con VIH tratados
  • 1.290 pacientes con tuberculosis tratados
  • 885 pacientes con Chagas o kala azar tratados
  • 9.500 personas rescatadas en el Mediterráneo

¿Les ponemos nombres y caras? Pues no, no lo hacemos. Nos quedamos en los números porque personalizarlos/humanizarlos nos resultaría insoportable. Quizás algún día veamos a Médicos sin Fronteras cotizando en la Bolsa de Madrid.

Economía social

Había semanas que a economía estaba desprazada neste blog. Normalmente, a economía é o elemento que despraza. Desprazou a política do centro da acción dos gobernos; desprazou o ser humano como eixo motriz da evolución do planeta; desprazou a moral coma calidade inspiradora dos comportamentos individuais; mesmo desprazou a relixión coma recurso para a resolución de misterios trascendentais.

A economía ten mala prensa porque ocupa espazos que non lle corresponden. Tamén porque a súa aplicación beneficia con demasiada frecuencia a certos grupos sociais en prexuizo do conxunto da sociedade. Hai variantes que tenden a corrixir ámbalas dúas eivas anteriores. Velaí a chamada “economía social” que sitúa no centro da actuación as persoas con algunha discapacidade. Hai uns días, publiquei en Economía digital o artigo A economía social galega. No artigo dise que “os proxectos de economía social adoitan ser competitivos e eficientes”. Danse exemplos contundentes coma Ilunion ou La Fageda. En Galicia, menciónanse COREGAL, Hornos Lamastelle ou GRAFINCO. A economía social amosa un enorme potencial en Galicia e en España. Un dato que tamén figura no artigo: “España figura no posto 35 no ranking Thomson Reuters de economías proclives ao emprendemento social, mesmo por detrás de países como Exipto ou Nixeria.” O dito: hai potencial.


En las últimas semanas, la economía estaba desplazada en este blog. Normalmente, la economía es el elemento que desplaza. Desplazó a la política del centro de la acción de los gobiernos; desplazó al ser humano como eje motriz de la evolución del planeta; desplazó a la moral como cualidad inspiradora de los comportamientos individuales; incluso desplazó a la religión como recurso para la resolución de misterios trascendentales.

La economía tiene mala prensa porque ocupa espacios que no le corresponden. También porque su aplicación beneficia con demasiada frecuencia a ciertos grupos sociales en perjuicio del conjunto de la sociedad. Hay variantes que tienden a corregir los dos defectos anteriores. Ahí tenemos la llamada “economía social” que sitúa en el centro de la actuación a las personas con alguna discapacidad. Hace unos días, publiqué en Economía digital el artículo A economía social gallega. En el artículo se dice que “los proyectos de economía social suelen ser competitivos y eficientes”. Se dan ejemplos contundentes como Ilunion o La Fageda. En Galicia, se mencionan COREGAL, Hornos Lamastelle o GRAFINCO. La economía social presenta un enorme potencial en Galicia y en España. Un dato que también figura en el artículo: “España figura en el puesto 35 en el ránking Thomson Reuters de economías proclives al emprendimiento social, incluso por detrás de países como Egipto o Nigeria.” Lo dicho: hay potencial.