Archivos en el mes de Abril del 2017

Coleccionismo y educación

Versión en galego

Durante años mantuve e hice crecer una colección de monedas. Bien archivadas en cuatros álbumes similares por fuera a los de fotografías, convivían piezas antiguas y nuevas, españolas y extranjeras, de cierto valor o sin valor alguno. Hasta que un día reconocí que seguir acumulando monedas carecía de sentido. Poco a poco fue disminuyendo la emoción que implicaba recibir o comprar una pieza, observarla tal que diamante durante un par de minutos y guardarla en aquellas fundas transparentes por ambas caras. Coincidió con el tiempo en el que dejé de jugar al monopoly, al parchís o al tres en raya; con el tiempo en el que dejé de jugar. Y fui consciente de que coleccionar aquellos cientos de monedas no había pasado de ser una especie de juego.

El Museo del Prado inauguró el pasado 4 de Abril la exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America”, una muestra de la colección de arte español más importante fuera de España. La Hispanic Society of America está formada por las piezas que de una manera planificada reunió el hispanista Archer Milton Huntington durante la primera mitad del siglo XX. La colección completa ocupa el edificio que este hombre construyó para la ocasión en Nueva York, el cual fue inaugurado en 1908. En 50 años, Huntington reunió 18.000 obras de arte y 250.000 manuscritos. Más allá de la desmesura del proyecto, su obra merece el calificativo de extraordinaria por su intención última: reivindicar la Historia, los valores y tradiciones españolas en el país que acababa de convertirse en la primera potencia mundial.

La exposición del Prado me pareció maravillosa. Creo que ilustra con precisión la misión existencial que el rico filántropo se impuso. Incluye en particular varias series insólitas: una, con los retratos de los intelectuales españoles más valorados por Huntington, la mayoría pintados por Sorolla; otra, con óleos de escenas típicas extraídas de distintos lugares de la Península; una tercera, que incluye cuadros de los más insignes pintores españoles, y por último, aunque en realidad se trata de la más completa y significativa, la serie de piezas ordenadas cronológicamente dispuestas con el objetivo de documentar un relato de la Historia y Cultura de España.

A cierta distancia del Paseo del Prado, en el extremo alto de la calle Serrano, encontramos el Museo Lázaro Galdiano. Lázaro Galdiano consiguió fortuna mediante su ocupación como banquero y marchante de arte, así como principalmente por matrimonio. Dedicó buena parte de su vida a la loable función de educar e ilustrar a la sociedad de su tiempo, lo que tal hizo a través de una desinteresada labor editorial, científica y ensayística, y de su monumental y variada colección de arte. Lázaro se fue moviendo en función de las tragedias que acontecían a su alrededor y así llegó a constituir, en realidad, tres colecciones: una en Madrid hasta 1936, la segunda en París entre el 36 y el 39, y la última en Nueva York hasta 1944. En el Museo se reúnen las tres colecciones con lo cual se configura una exposición que llega a sobrecoger por su riqueza y profusión, con algunas piezas de un valor extraordinario como, por ejemplo, los distintos óleos de Goya. En total son cerca de 13.000 piezas que se distribuyen entre pintura, escultura, cerámica, joyería, armería, mueblería, numismática, marfiles, etc. El visitante corre el riesgo de emborrachar sus neuronas con tal exhibición de belleza, ingenio y rigor coleccionista.

Archer Milton Huntington y José Lázaro Galdiano coinciden en su propósito educador. El Marqués de Cerralbo semeja haber seguido una intención antes de ostentación que ilustradora. También apasionado coleccionista, este político y arqueólogo juntó un magnífico conjunto de antigüedades y obras de arte que dejó convenientemente dispuesto en el palacete en el que residió en el centro de Madrid, cerca de la Plaza de Oriente. El visitante recibe, desde la misma entrada, el impacto mixto de circular por una vivienda intacta del siglo XIX al tiempo que puede admirar valiosas obras de pintura, escultura, fotografía, medallas, relojes (curiosa colección de relojes misteriosos), y todo tipo de pieza, siempre meritoria, que pudiera engalanar una residencia aristocrática de aquellos tiempos.

Los tres ejemplos traídos a este post coinciden no solo en el frenético deseo por la acumulación de piezas hermosas de arte sino por la compartida intención de sus promotores de transmitir conocimiento a través de su afán coleccionista.

Coleccionismo e educación

Versión en castellano

Durante anos mantiven e fixen medrar unha colección de moedas. Ben arquivadas en catros álbumes similares por fóra os das fotografías, convivían pezas antigas e novas, españolas e estranxeiras, de certo valor e sin valor ningún. Ata que un día decateime de que seguir acumulando moedas carecía de sentido. Pouco a pouco foi diminuindo a emoción que implicaba recibir ou mercar unha peza, observala tal que diamante durante un par de minutos e gardala naquelas fundas transparentes por ámbalas dúas caras. Coincidiu co tempo no que deixei de xogar ao monopoly, ao parchís ou ao tres en raia; co tempo no que deixei de xogar. E decateime de que para min coleccionar aqueles centos de moedas non pasara de ser unha especie de xogo.

O Museo do Prado inaugurou o pasado 4 de Abril a exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America“, unha mostra da colección de arte español máis importante fóra de España. A Hispanic Society of America está formada polas pezas que dun xeito planificado xuntou o hispanista Archer Milton Huntington durante a primeira metade do século XX. A colección completa ocupa o edificio que este home construiu para a ocasión en Nova York, o cal foi inaugurado en 1908. En 50 anos, Huntington reuniu 18.000 obras de arte e 250.000 manuscritos. Alén da desmesura do proxecto, a súa obra merece o cualificativo de extraordinaria pola súa intención última: reivindicar a Historia, os valores e tradicións españolas no país que viña de tornarse a primeira potencia mundial.

E exposición do Prado pareceume marabillosa. Coido que ilustra con precisión a misión existencial que o rico filántropo se impuxo. Inclúe en particular varias series insólitas: unha, cos retratos dos intelectuais españois máis valorados por Huntington, a maioría pintados por Sorolla; outra, con óleos de escenas típicas extraídas de distintos lugares da Península; unha terceira, que inclúen cadros dos máis insignes pintores españoles, e por último, inda que en realidade é a máis completa e significativa, a serie de pezas ordenadas cronoloxicamente dispostas co obxectivo de ilustrar unha sorte de relato da Historia e Cultura españolas.

A certa distancia do Paseo del Prado, no extremo alto da rúa Serrano, atopamos o Museo Lázaro Galdiano. Lázaro Galdiano conseguiu fortuna mediante a súa ocupación como banqueiro e marchante de arte, así como principalmente por matrimonio. Dedicou boa parte de súa vida á loable función de educar e ilustrar á sociedade do seu tempo, o que tal fixo a través dun desinteresado labor editorial, científico e ensaístico, e da súa monumental e variada colección de arte. Lázaro foise movendo en función das traxedias que acontecían ao seu redor e así chegou a constituir, en realidade, tres coleccións: unha en Madrid ata 1936, a segunda en París entre o 36 e o 39, e a última en Nova York ata 1944. No Museo reúnense as tres coleccións co cal se configura unha exposición que chega a sobrecoller pola súa riqueza e profusión, con algunhas pezas dun valor extraordinario como, por exemplo, os distintos óleos de Goya. En total son preto de 13.000 pezas que se distribúen entre pintura, escultura, cerámica, xoiería, armería, moblería, numismática, marfiles, etc. O visitante corre o risco de emborrachar as súas neuronas con tal exhibición de beleza, enxeño e rigor coleccionista.

Archer Milton Huntington e José Lázaro Galdiano coinciden no seu propósito educador. O Marqués de Cerralbo semella ter seguido unha intención antes de ostentación que ilustradora. Tamén apaixonado coleccionista, este político e arqueólogo xuntou un magnífico conxunto de antiguedades e obras de arte que deixou convenientemente disposto no palacete no que residiu no centro de Madrid, preto da Praza de Oriente. O visitante recibe, dende a mesma entrada, o impacto mixto de circular por unha vivenda intacta do século XIX ao tempo que pode admirar valiosas obras de pintura, escultura, fotografía, medallas, reloxos (curiosa colección de reloxos misteriosos), e todo tipo de peza, sempre silandeira, que puidese engalanar unha residencia aristocrática daqueles tempos.

Os tres exemplos traídos a este post coinciden non so no frenético desexo pola acumulación de pezas fermosas de arte senón pola compartida intención dos seus promotores de transmitir coñecemento a través do seu afán coleccionista.

Cosas de reyes

Supe hace algunos años que Juan Carlos I solicitara a uno de sus secretarios que se informase sobre el papel higiénico que utilizaban en la embajada española en Luxemburgo. El monarca se había quedado seducido por la textura de aquel artículo que le sirviera para limpiar su aristocrático trasero. Y es que los reyes, igual que los papas, terminan sucumbiendo, con el resto de humanos, en las inmundicias de nuestra humilde condición.

El ahora rey emérito no perdía ocasión de hacer valer su privilegiada situación. Lo aprendió en la cuna y lo aplicará hasta la tumba. En nuestra reciente visita al Monasterio de El Escorial, descubrimos que Juan Carlos había dispuesto, previa aceptación por parte del gobierno español, que sus padres, Juan y Mercedes, ocupasen los últimos sepulcros del Panteón de los Reyes. ¿Que nunca ejercieron de tales? Tampoco importa demasiado, la historia de la monarquía española es pródiga en detalles caprichosos y de similar naturaleza. Por cierto, el cuerpo de Juan de Borbón se encuentra en estos momentos depositado en el llamado “pudridero”, destino provisional de reyes e infantes antes de que sus huesos ya pelados pasen a ocupar su definitiva morada.

Diríase, sin querer despreciar otras versiones históricas, que Carlos I de España y V de Alemania se constituye en el primer rey de España reconocido como tal. Inauguró una especie de “monarquía federal” que concedía diversa autonomía a la Corona de Aragón y al Reino de Navarra. Nieto de los Reyes Católicos, se casó con otra nieta de Isabel y Fernando, su prima Isabel de Portugal, con quien tuvo seis hijos. El hombre, demostrando su carácter de emperador, engendró al menos otros cinco vástagos fuera del matrimonio; el último, Juan de Austria, afamado conquistador en ambos sentidos de la palabra.

¿Qué destacar de Felipe II? Cuatro esposas (tres de ellas primas) tuvo este dechado de virtudes, algunas de las cuales se transforman en vicios odiosos en función del historiador que se consulte. Aquí va un detalle artístico: rechazó a El Greco por no seguir al pie de la letra sus instrucciones y abrazó a El Bosco por demostrar como nadie las fatídicas consecuencias del pecado. Eran los tiempos del Renacimiento (1527-1598) pero nuestro vanagloriado rey seguía pensando en las obras de arte como recursos para provocar el rezo del pueblo. Ya se sabe que en los territorios de Felipe II “no se ponía el sol”: en Europa, Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Milán, Países Bajos… en Asia, Filipinas y parte de Nueva Guinea… en América, Florida, todo Centroamérica y buena parte de Sudamérica.

Felipe II concentraba todo el poder en su persona y nada de relevancia se podía decidir a sus espaldas. Su descendiente, Felipe III, adoptó un estilo opuesto al de su padre. Fue aficionado a la pintura, el teatro, a la caza y al juego. Dado que estos quehaceres no le permitían dedicar el tiempo necesario a la tarea de gobernar, delegó sus competencias en el duque de Lerma, inaugurando así la época de los validos en España. Se casó con su prima segunda Margarita de Austria y, a pesar de contentarse con un solo matrimonio, cumplió con la media de los Austrias: ocho hijos.

Felipe IV gobernó 44 años y aunque empezó bien de la mano del Conde Duque de Olivares, progresó regulín regular, y terminó como el rosario de la aurora por la sucesión de conflictos bélicos en los que se vio inmerso, tanto externos como internos. En el plano personal, dos matrimonios, el segundo con su sobrina Mariana de Austria, y 12 hijos legítimos, además de 30 hijos extramatrimoniales que se le atribuyen a este prolífico monarca. Quizás lo peor de su movida trayectoria haya sido dejar en el trono a un heredero como Carlos II.

Carlos II fue el resultado esperable de la sucesión de matrimonios interfamiliares que acontecieron entre los Austrias. La endogamia es lo que tiene. Le llamaban “el Hechizado” al atribuir a la brujería su penoso aspecto físico. En contra de la leyenda (o de la Historia), repasando su curriculum, no debió de ser un mal rey. El problema: a pesar de casarse dos veces, no tuvo descendencia. Su primera esposa falleció por causas desconocidas; las malas lenguas apuntaron que la principal pudo haber sido no producir el heredero que la Corona precisaba. El caso es que la segunda tampoco lo consiguió y de esta forma la dinastía de los Austrias quedó finiquitada en España.

El trono vacante se jugó en un tablero de ajedrez con múltiples peones, alfiles, torres, caballos, reyes y reinas. El resultado de tan enmarañada partida fue la llegada a España de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, para convertirse en Felipe V.  La actitud imperialista del Rey Sol, que trataba a su nieto como un mero delegado regio, y la práctica incautación del otrora comercio entre España y las Américas, provocó la reacción de las potencias europeas perjudicadas que crean la llamada Gran Alianza antiborbónica. El conflicto, es decir, la Guerra de Sucesión, se extiende al interior de España, entre el Reino de Aragón partidario del archiduque Carlos de Austria (quien les ha prometido mantener el carácter más o menos federal de la monarquía) y el Reino de Castilla, que apoya al centralista y jacobino Felipe V, de quien se espera un modelo “a la francesa”. Pues bien, ganan los partidarios del Borbón, se impone el llamado Decreto de Nueva Planta que liquida la Corona de Aragón (incluyendo el Principado de Cataluña) y extiende las leyes castellanas a todo el territorio español con excepción del País Vasco y Navarra que, fieles a la causa borbónica, mantienen parte de sus derechos. En el fregado, España pierde los territorios que dominaba por Europa adelante (y cede a Inglaterra Menorca y Gibraltar!)

Felipe V reinó entre 1700 y 1746 con un breve lapso en 1724. Le aflige una pertinaz depresión que le intentan curar a través del canto del castrato Farinelli (la ópera como antidepresivo). Se casa con su prima María Luisa Gabriela de Saboya con quien tiene cuatro hijos. A la muerte de ésta, contrae matrimonio con la italiana Isabel de Farnesio, que será crucial en su reinado. Por motivo de la depresión, Felipe V abdica en su hijo de 17 años Luis I, hijo de María Luisa y casado con la joven de 15 años Luisa Isabel (se habían casado con 15 y 12 años respectivamente). Los 8 meses del reinado de Luis son una calamidad, en parte debido al desorden emocional de su esposa cuyo comportamiento raya en lo tragicómico. Muere Luis de viruela y Felipe V recupera el trono a pesar del sospechoso estado de su mente. Quien reinó durante los siguientes 22 años fue, en realidad, su esposa Isabel.

El tormentoso estreno de la dinastía borbónica presenta una continuidad algo más sosegada con Fernando VI y Carlos III. Carlos IV y su hijo Fernando VII vuelven a protagonizar sendos reinados turbulentos y más bien lamentables. Estalla la Revolución francesa, Napoléon arrasa en Europa y en España, este par de Borbones van improvisando en función de las circunstancias. Al final de su caótico reinado, Fernando VII, sin hijos varones, deroga la llamada Ley Sálica para que su hija Isabel pueda ascender al trono. El hermano de Fernando, Carlos, se siente legitimado por la tradición y se levanta en armas. Es la primera guerra carlista, entre los partidarios de Isabel (en regencia de su madre Cristina) y los seguidores de Carlos.

Isabel II no debió de ser muy dichosa. Recluida en los distintos palacios reales desde niña, se casó el día que cumplía 16 años tras un casting complicado de candidatos propuestos por los diferentes grupos de interés. Fue elegido un primo suyo por partida doble, Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, personaje sobre todo pusilánime carente de talento y ambición; al parecer, también homosexual, a pesar de lo cual engendraron 12 hijos. El reinado de Isabel, entre 1833 y 1868, puede calificarse de extremadamente negativo. En 34 años, tienen lugar 22 elecciones generales y la corrupción campa en un nivel que recuerda bastante al actual.

El reinado de Isabel II termina por la Revolución de 1868, denominada La Gloriosa, que da inicio al Sexenio Democrático: durante tres años, gobierna un ejecutivo provisional formado por los partidos que depusieron a Isabel, y durante los otros tres años, reina Amadeo I de Saboya, italiano, masón y primer soberano elegido en España por un Parlamento. Vistos los enemigos que le acechan, Amadeo dura bastante, tres años en concreto. A seguir, la Primera República Española (formalmente, República Democrática Federal) dura aún menos, dos años. Tras múltiples dimes y diretes, la clase política auspicia el regreso a España de Alfonso XII, hijo de Isabel II (no se puede afirmar que de Francisco de Asís también), con lo cual se restaura la monarquía borbónica, que habrá de ser liberal y sometida a los designios del pueblo español. Alfonso XII es persona formada en distintos colegios europeos y demuestra un talante comprensivo y una personalidad a prueba de malos gobernantes. Fatalmente, muere de tuberculosis antes de cumplir los 28 años. Unos meses después, nace su hijo Alfonso XIII, rey desde el momento en que le cortan el cordón umbilical. Su madre María Cristina ejerció la regencia hasta que el monarca cumplió los 16 años.

Ya sabemos cómo se desenvolvió el reinado de Alfonso XIII, un hombre con las ideas tan claras que incluso apoyó el golpe de Estado del general Primo de Rivera. Con él España perdió sus últimas colonias y también la escasa credibilidad de la podía gozar en el mundo. Este monarca celebró una de las bodas más explosivas de la historia: cuando regresaba al Palacio Real con su ya esposa Victoria Eugenia, el anarquista Mateo Morral les lanzó un ramo de flores bomba, que no llegó a causarles heridas de relevancia. Además de al menos cinco hijos fuera del matrimonio, el rey engendró siete vástagos oficiales. Entre la hemofilia, la sordera, las renuncias voluntarias y el género (femenino), Juan, sexto de la serie, accedió a los derechos dinásticos. Pero como no era muy amigo de Franco, pues hubo de renunciar a los mismos en beneficio de su hijo Juan Carlos, cuya historia como soberano, inversor, promotor, esposo, padre, hermano, abuelo, cazador y playboy se puede consultar en los jornales españoles de la actualidad, en los archivos del telediario y en las revistas del corazón. Entre Alfonso y Juan Carlos, la fallida Segunda República, el golpe de Estado, la guerra civil y la dictadura militar. Un pronóstico: durante el reinado de Felipe VI, se celebrará el referéndum necesario para elegir monarquía o república; el pueblo español, finalmente, decidirá.

 

 

La bandera en Madrid / A bandeira en Madrid

Algunos se empeñan en utilizar las banderas como los capiteles en el Medievo, para ilustrar y educar. En Madrid, algún día crearán la Consejería de trapos y banderas. Cospedal, siempre al acecho, colocó la suya a media asta por Semana Santa. Pronto nombrará generala a la Virgen de los Dolores; y a la de Lourdes, delegada de Defensa en Portugal. La derecha es propensa a gobernar en beneficio de mitos y leyendas.

En Madrid, como en algún otro lugar, enrollan los cuchillos en banderas rojigualdas para clavárselos a los toros hasta la médula; tal que cada uno fuese una representación de la roca de Perejil. Ni siquiera Carmena prohibirá la tortura animal, por si la acusan de cargarse la llamada fiesta nacional. Los toros en Madrid tienen alma pero los novilleros no.

Carmena colocó en el nuevo Ayuntamiento una pancarta dando la bienvenida a los refugiados, que nunca la llegarán a leer. Pero no retira las banderas que convierten La Cibeles en una especie de tarta de cumpleaños. Al parecer celebran así las Copas de Europa ganadas por el Real Madrid, ese equipo que alinea algunas veces a Sergio Ramos junto a diez extranjeros. Ya dicen que es la bandera de todos.

En Colón ensartaron otra bandera, que en realidad semeja el pañuelo para sonarle los mocos a Dios. Le pidieron las medidas al jardinero del Bernabeu. Una bandera que se ve desde la Plaza del Rei de Barcelona y desde la Plaza Mayor de Bilbao.


Algúns empéñanse en utilizar as bandeiras como os capiteis no Medievo, para ilustrar e educar. En Madrid, algún día crearán a Consellería de trapos e bandeiras. Cospedal, sempre á espreita, colocou a súa a media asta por Semana Santa. Pronto nomeará xenerala á Virxe das Dores; e á de Lourdes, delegada de Defensa en Portugal. A dereita é propensa a gobernar en beneficio de mitos e lendas.

En Madrid, como nalgún outro lugar, enrolan os coitelos en bandeiras rojigualdas para cravarllos aos touros ata a médula; tal que cada un fose unha representación da roca de Perejil. Nin sequera Carmena prohibirá a tortura animal, por se a acusan de finiquitar a chamada festa nacional. Os touros en Madrid teñen alma pero os novilleiros non.

Carmena colocou no novo Concello unha pancarta dando a benvida aos refuxiados, que nunca a chegarán a ler. Pero non retira as bandeiras que converten La Cibeles nunha especie de torta de aniversarios. Disque celebran de tal xeito as Copas de Europa gañadas polo Real Madrid, ese equipo que aliña algunhas veces a Sergio Ramos xunto a dez estranxeiros. Xa din que é a bandeira de todos.

En Colón ensartaron outra bandeira, que en realidade semella o pano para soarlle os mocos a Deus. Pedíronlle as medidas ao xardineiro do Bernabeu. Unha bandeira que se ve desde a Praza do Rei de Barcelona e a Praza Maior de Bilbao.