Mussolini en Buenos Aires

Este chámase Jorge Esteban. Coñecino na Feira do Libro de Bos Aires, un lugar -un fervedoiro- onde resulta imposible coñecer a ninguén. Estabamos bebendo algo nunha das cafeterías improvisadas do recinto. El, Jorge Esteban, tomaba unha cervexa ao noso carón, todo barba, aunque corta, y quevedos. De súpeto, interrompeunos cunha mestura de vergonza e necesidade. Disculpen que me entrometa. Los estoy escuchando y. ¿Me podrían responder a una pregunta? Sí, claro, sonreímos nosotros con gesto de extranjería. ¿Qué es lo que prevalece, el autor o la novela? Conversamos un buen rato. Le explicamos lo que nos había llevado hasta aquel alejado punto del planeta. Con un título así, uno podría haber previsto la escena. “El Danubio no pasa por Buenos Aires”. Nos preguntó, ¿cuánto cuesta en pesos argentinos? Es que soy de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Me tengo que medir. Al final, supe que él había comprado uno de los pocos ejemplares que se vendieron.

Ahora nos cruzamos alguna frase asaltando el muro de Facebook. Él, que padece ese apellido terrible, parece sentirse estigmatizado desde el nacimiento. Escribe textos como este:

“Amo el tango y estoy en el mítico Tortoni (ya cierra). Amo los libros y en Avenida Corrientes hay librerías de saldo abiertas hasta las 23. No miré mujeres porque la ciudad es hermosa. Pd: cuando pasé por el metro bus de la 9 de Julio dije por equívoco: ¡qué buen bar!”

Gran tipo este Jorge Esteban Mussolini.

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