Economía social

Había semanas que a economía estaba desprazada neste blog. Normalmente, a economía é o elemento que despraza. Desprazou a política do centro da acción dos gobernos; desprazou o ser humano como eixo motriz da evolución do planeta; desprazou a moral coma calidade inspiradora dos comportamentos individuais; mesmo desprazou a relixión coma recurso para a resolución de misterios trascendentais.

A economía ten mala prensa porque ocupa espazos que non lle corresponden. Tamén porque a súa aplicación beneficia con demasiada frecuencia a certos grupos sociais en prexuizo do conxunto da sociedade. Hai variantes que tenden a corrixir ámbalas dúas eivas anteriores. Velaí a chamada “economía social” que sitúa no centro da actuación as persoas con algunha discapacidade. Hai uns días, publiquei en Economía digital o artigo A economía social galega. No artigo dise que “os proxectos de economía social adoitan ser competitivos e eficientes”. Danse exemplos contundentes coma Ilunion ou La Fageda. En Galicia, menciónanse COREGAL, Hornos Lamastelle ou GRAFINCO. A economía social amosa un enorme potencial en Galicia e en España. Un dato que tamén figura no artigo: “España figura no posto 35 no ranking Thomson Reuters de economías proclives ao emprendemento social, mesmo por detrás de países como Exipto ou Nixeria.” O dito: hai potencial.


En las últimas semanas, la economía estaba desplazada en este blog. Normalmente, la economía es el elemento que desplaza. Desplazó a la política del centro de la acción de los gobiernos; desplazó al ser humano como eje motriz de la evolución del planeta; desplazó a la moral como cualidad inspiradora de los comportamientos individuales; incluso desplazó a la religión como recurso para la resolución de misterios trascendentales.

La economía tiene mala prensa porque ocupa espacios que no le corresponden. También porque su aplicación beneficia con demasiada frecuencia a ciertos grupos sociales en perjuicio del conjunto de la sociedad. Hay variantes que tienden a corregir los dos defectos anteriores. Ahí tenemos la llamada “economía social” que sitúa en el centro de la actuación a las personas con alguna discapacidad. Hace unos días, publiqué en Economía digital el artículo A economía social gallega. En el artículo se dice que “los proyectos de economía social suelen ser competitivos y eficientes”. Se dan ejemplos contundentes como Ilunion o La Fageda. En Galicia, se mencionan COREGAL, Hornos Lamastelle o GRAFINCO. La economía social presenta un enorme potencial en Galicia y en España. Un dato que también figura en el artículo: “España figura en el puesto 35 en el ránking Thomson Reuters de economías proclives al emprendimiento social, incluso por detrás de países como Egipto o Nigeria.” Lo dicho: hay potencial.

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