Atentado

Tan fácil como ponerse al volante de una furgoneta y pisar el acelerador. El carnet de conducir tan siniestro como la licencia de armas. Son ideas que nos rondan por la cabeza tras los atentados de Cataluña. Un cuchillo de cocina tan efectivo como una kaláshnikov.  ¡Qué sencillo es matar!

En perspectiva

Y sin embargo, han pasado trece años desde aquel 11M de Madrid. Los numerónimos facilitan la identificación de los atentados terroristas; pronto hablaremos del 17A. Lo cual no deja de ser una buena señal. El terror otrora diario, se ha vuelto por fortuna esporádico en España. El dolor por la tragedia no debe impedir la justa felicitación por la acción policial durante estos años en materia de prevención terrorista. Un dato: España se encuentra entre los diez países con una tasa menor de homicidios intencionados.

La elevada temperatura ambiente no facilita el análisis sosegado. Aun así, me atrevo a ofrecer una visión general sobre el grado de violencia imperante en el mundo y en Europa. Según datos del Banco Mundial, el índice de homicidios voluntarios por cada 100.000 habitantes muestra una gran disparidad en función de las distintas regiones del planeta. Mientras que, por ejemplo, América Latina y Caribe presenta un índice del 22,5 y África subsahariana del 9,5, Asia Oriental y Pacífico ofrece una tasa del 1,5 y la Unión Europea del 1,0 (España 0,7); en el medio, Estados Unidos se eleva hasta los 4,9 homicidios intencionados por 100.000 habitantes.

El Global Peace Index que publica anualmente el Institute for Economics and Peace, representa otra magnífica referencia para poner las cosas en perspectiva. Se elabora a partir de 23 indicadores que aplica a 165 países y mide el “nivel de paz” que se respira en cada uno de ellos. De acuerdo al GPI, España ocupa el puesto 23 con valores muy próximos a Alemania, Finlandia, Suecia, Bélgica u Holanda. De los diez países “más pacíficos”, ocho son europeos. Portugal, por cierto, ocupa el tercer puesto de este ilustrativo ranking mundial. El índice global mejoró suavemente respecto al año anterior aunque muestra un ligero deterioro en una comparativa a diez años.

Reacciones incendiarias

Debemos reconocer que el ser humano, con independencia de raza o religión, ha dado sobradas muestras de maldad a lo largo de la Historia. No podemos negar esa tendencia al odio y al delirio que con demasiada frecuencia se pone de manifiesto en matanzas de congéneres. Por eso se me antoja de un valor singular el concepto de Paz Positiva que utiliza el Institute for Economics and Peace.

Se entiende como Paz Positiva la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, reducir los agravios entre ellos y resolver los desacuerdos sin el uso de la violencia. A través de un concienzudo trabajo analítico, ha identificado las variables principales que favorecen esta llamada Paz Positiva, entre las cuales me permito destacar las siguientes: aceptación de los derechos de los demás, buenas relaciones entre la ciudadanía, altos niveles de capital humano y equitativa distribución de los recursos. Ya sé que nos enfrentamos a unos fanáticos que poco entienden de sociología. Pero igualmente estoy convencido de que la aplicación universal de los criterios anteriores se revela la mejor receta para disminuir la violencia en el mundo, también la yihadista.

Y esto debe empezar por las reacciones de los líderes de opinión. Frente a anteriores manifestaciones terroristas, la comunicación social se esforzaba por delimitar perfectamente a los causantes del horror. Se hablaba de terroristas de ETA, o de asesinos del GRAPO, o de criminales del GAL. Describir ahora como “islamistas” a los promotores del terror es una simplificación posiblemente interesada que nada beneficia a la resolución de este temible conflicto. Los asesinos de Cataluña son terroristas de ISIS o del Daesh, esta es la forma correcta de denominarlos.

Me resultan aborrecibles los mensajes de Isabel San Sebastián o de Alfonso Rojo. La primera lanzó el siguiente tweet en respuesta al primer atentado: “Malditos seáis, islamistas hijos de… Ya os echamos de aquí una vez y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática.” Por su parte, el periodista leonés, tiró de su controvertida ironía para advertir: “como saldrán los progres diciendo que el Islam no tiene nada que ver, hay que saber si el tipo es budista o mormón”. Impagables ejemplos de sectarismo. En dosis de xenofobia, solo les ha ganado Trump.

El artículo publicado en Mundiario

 

Dejanos tu Comentario

Nombre: (Requerido)

E-Mail: (Requerido)

Sitio WEB:

Comentario: