Vietnam de norte a sur

Visitamos Vietnam por rellenar un hueco personal. Nada sabía de las culturas orientales más allá de los tópicos. Así que desafiamos sentido común y resistencia física dispuestos a abordar las 24 horas de trayecto entre nuestra casa de A Coruña y nuestro hotel en Hanoi, capital de Vietnam. Hanoi se sitúa al norte de un país que se extiende como una lengüeta por el Pacífico más próximo al Índico. Entre aeropuerto y ciudad, descubrimos un territorio dividido en cientos de pequeñas fincas, el minifundismo a golpe de escuadra y cartabón. Al parecer, el sistema les funciona. En esta zona no plantan arroz porque el terreno, lindando con el río Rojo, es básicamente arenoso.

Así fue nuestro encuentro con una capital de seis millones de habitantes (contando área metropolitana): recorrido por el Barrio Antiguo a bordo de un triciclo taxi; una hora, dos euros. Edificios más bien destartalados a lo largo de calles estrechas a las cuales no vendría mal un punto más de higiene. Denso entramado de cables eléctricos. Diminutos taburetes de plástico donde sentarse a comer, charlar o jugar a las damas chinas. Calor sofocante y humedad. Muchos pies descalzos. Un tráfico inusitado. Scooters a miles, como termitas. Pequeños comercios plenos de baratijas.

Por la tarde, visitamos un teatro de marionetas acuáticas, pintoresco espectáculo ejecutado por casi veinte titiriteros y músicos. No dio para más el día. A la mañana siguiente, visita al Mausoleo de Ho Chi Minh, bloque granítico al estilo utilizado por otros líderes comunistas. El hombre quería algo modesto pero sus últimas voluntades no fueron respetadas. Allí mismo se encuentra la que fue su residencia, en un parque con vocación de jardín botánico. En realidad, el héroe de la independencia vietnamita ocupó una modesta casa de madera -la Casa Zancuda- a poca distancia del palacio presidencial. El lugar también acoge la Pagoda de un solo pilar (el budismo siempre presente, incluso aquí) y alguna otra curiosidad. Entre ellas, la flor de loto, símbolo budista, o las banderas de cinco colores que representan los cinco elementos según la filosofía china tradicional: agua, tierra, fuego, metal y madera (por los cuatro de Occidente: agua, tierra, fuego y aire). En uno de los templos, encontramos fotografías de difuntos señalados con la esvástica, símbolo que significa “prosperidad, buena fortuna” para los budistas.

Continuamos al Templo de la Literatura, dedicado a Confucio. Los templos en Vietnam se dedican a personalidades destacadas y las pagodas a Buda en sus distintas manifestaciones. El Templo de la Literatura se extiende a lo largo de cinco patios, uno por elemento. Seguimos visitando distintas pagodas donde descubrimos la curiosa tradición de ofrecer frutas y otras viandas a las deidades allí representadas. Por señalar alguna, nos quedamos con Tran Quoc y con el templo de Ngoc Son, en el lago Hoan Kiem al final del puente Rojo. Hanoi, por cierto, es rico en lagunas, lo que implica un cierto desahogo para una ciudad con tal nivel de caos y ruido. Última visita: el Museo de la Historia, que nos demuestra cómo los distintos pueblos se han comportado de manera homogénea en aras a la supervivencia y se han diferenciado, sin embargo, en cuestión de arte y creencias.

La bahía de Halong representó una de las decepciones del viaje, no por el paisaje, excepcional, sino por la explotación turística que se respira y por el exceso de horas impuestas en el programa. Un crucero de 2/3 horas sería suficiente. En camino para tomar el avión que nos conduciría a Hue, paramos en la pagoda seminario de Yen Tu, un complejo amplio que debería haber sido restaurado con algo más de cuidado. Llegamos a Hue, capital de Vietnam entre 1802 y 1945, donde visitamos la Ciudad Imperial, sede de los reyes títere, meras figuras decorativas manejadas por Francia. Después, la pagoda de Thien Mu y los templos funerarios de los emperadores Tu Duc y Khai Dinh. Estos templos se disponían en cinco zonas: patio de honor, estela, templo, tumba y lago. Un paseo, quizás prescindible, por el río Perfume, dio término a la estancia en esta ciudad de pasado rimbombante.

Tiramos en autobús para Hoi An. En el camino, hacemos parada en la laguna salada de Lang Co, lugar fotogénico, y en el Paso de las Nubes donde se localiza un antiguo enclave del ejército USA. Hoi An es Patrimonio de la Humanidad, una ciudad cruzada por el río Thu Bon el cual separa los distritos chino y japonés. El puente japonés, unido a una pagoda, es el símbolo de la ciudad. La concesión de la UNESCO se justifica por la sucesión de casas construidas entre los siglos XV y XIX que muestran una heterogeneidad de estilos e influencias. Se ha de visitar alguna casa específica, acondicionada ahora como museo; en nuestro caso, penetramos en la llamada Tan Ky. Me llamaron la atención, sobre todo, los dos altares instalados en el centro de la vivienda, uno dedicado a los difuntos de la familia, a los que se reza el 1 y 15 de cada mes del año lunar, y el ofrendado a Buda Misericordia, al cual se reza, con incienso, todos los días antes de salir al exterior. No lejos de Hoi An se encuentran las Montañas de Mármol; en sus pasos y cuevas se han esculpido altares hinduistas y budistas y se han construido pagodas y templos. Durante la Guerra del Vietnam, una de sus mayores cuevas fue utilizada como hospital.

Como último destino del viaje, recalamos en Saigón, hoy Ciudad Ho Chi Minh. No es capital aunque sus infraestructuras y su nivel de desarrollo lo merecerían. El tráfico en Saigón recuerda al enjambre de Hanoi. También la multitud de pagodas y templos.

Nos llamaron la atención especialmente Thien Hau, en el barrio chino de Cholon, y sobre todo, la pagoda del Emperador de Jade en la cual los fieles adoran exóticas esculturas vinculadas a Buda entre la niebla del incienso. Ciudad Ho Chi Minh presenta múltiples atractivos: su oficina de Correos diseñada por Gustav Eiffel, la Torre Bitexco que ofrece una vista panorámica espléndida, el estremecedor Museo de los Restos de la Guerra, el Museo de Bellas Artes con una importante colección de pinturas con motivos bélicos, el Museo de Medicina tradicional vietnamita, los túneles de Cu Chi o el delta del Mecong y sus casas flotantes. Un consejo final: como despedida, asiste al “A O Show” del Teatro de la Ópera, un espectáculo que combina de manera sublime las tradiciones de este país, la vanguardia expresionista y los deseos de felicidad para hombres y mujeres de buena voluntad.

Ve también “Lo que aprendimos en Vietnam

@pallarego

3 Comentarios hasta el momento »

  1. A trenza » Lo que aprendimos en Vietnam dijo

    17 de Outubro del 2017 a las 6:35 p.m.

    […] Continúa en “Vietnam de norte a sur“ […]

  2. Jose maria dijo

    19 de Outubro del 2017 a las 11:33 p.m.

    Hola Marce me gusta el resumen de Vietnam y además me va servir para recordar de vez en cuando nuestro viaje ,aprovecho para daros un abrazo

  3. Marcelino dijo

    30 de Outubro del 2017 a las 2:31 p.m.

    Hola José María! Gracias por el comentario. Espero que las cosas hayan ido bien por Laos.
    Abrazos para los dos.

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