Cosas de Camboya

Para nosotros Camboya representaba una parada dedicada a ver templos, simplemente. Nuestras referencias se limitaban a Angkor y a Pol Pot y sus jemeres rojos. Y es lo que suele pasar con las bajas expectativas, que abren la puerta de par en par a la sorpresa.

En pleno vuelo entre Ciudad Ho Chi Min y Siem Reap, descubrimos alguna información que pellizca nuestra curiosidad. Angkor fue la mayor ciudad del planeta en el siglo XII, poblada por más de un millón de habitantes; un buen dato para empezar. La cultura jemer -o khemer- se despliega como un fascinante catálogo de creencias, arte y ritos comparables con cualquiera de las civilizaciones más admiradas. Tal como dice nuestra guía Lonely planet, “En ningún lugar del mundo existe tanta riqueza arquitectónica junta… Aquí está el edificio religioso más grande del mundo, Angkor Wat… Los templos son iconos mundiales… Pero pese a la riqueza de Angkor, el mayor tesoro de Camboya es su gente. Los jemeres han sufrido lo indecible pero han recuperado la sonrisa y ningún visitante se marcha de este reino sin sentir admiración y cariño por ellos”. Damos fe.

Cosas que hemos retenido después de tres días en Siem Reap: que, al igual que Vietnam, Camboya dispone de su propio alfabeto, éste bastante más alejado del “occidental” que el vietnamita. El idioma camboyano procede del sánscrito, una de las más antiguas lenguas clásicas. Aunque siguen el calendario de Buda, también celebran fechas señaladas del año chino y de nuestro calendario gregoriano. Se organizan a partir de una monarquía parlamentaria, ese sistema que suena más a oxímoron que a otra cosa. El partido considerado hegemónico lleva ganadas cinco elecciones seguidas y algunos ciudadanos (nuestro guía, por ejemplo) muestran dudas serias sobre la limpieza del proceso electoral. Los niños van al colegio de 7.00 a 11.00 de la mañana; después ayudan a sus padres en la pesca, la agricultura o vendiendo pequeños souveniers a los turistas. Camboya es uno de los países más pobres de Asia. Ah, mejor medio de transporte para turistas: el tuk tuk.

Las razones para la pobreza hay que buscarlas en las guerras permanentes que asolaron Camboya siglo tras siglo. La cruenta guerra civil que tuvo lugar entre 1967 y 1975 (la Guerra de Vietnam, de 1957 a 1975) sumió al país en un caos absoluto. Tres eran las partes en conflicto: la llamada República Jemer liderada por el mariscal Lon Nol, de carácter anticomunista y apoyada por los Estados Unidos; el Frente Unido Nacional de Kampuchea del príncipe Shihanuk, derrocado por el propio Lon Nol; y los Jemeres Rojos, ejército formado por el Partido Comunista de Kampuchea encabezado por el sanguinario Pol Pot. La guerra terminó con la derrota de la República Jemer de Lon Nol (y de Estados Unidos, por tanto) y la victoria de las fuerzas coaligadas de Sihanuk y Pol Pot. El Partido Comunista se hizo con el poder absoluto y los Jemeres Rojos iniciaron un terrible genocidio que duró cuatro años, hasta la invasión por parte de Vietnam en 1979. La nueva guerra entre los dos países vecinos duró hasta 1991. Desde entonces, los ánimos se han calmado y Camboya intenta vivir en paz aunque no exenta de sobresaltos: cerca de cien muertos al año aún se producen por la detonación de las minas sembradas durante los conflictos bélicos. En los alrededores de los lugares turísticos, se encuentran decenas de personas con amputaciones que tocan algún instrumento tradicional a cambio de unos céntimos.

Esos lugares turísticos son los templos de Angkor, naturalmente. Hay alrededor de cien, levantados en medio de un paisaje exuberante, la mayoría edificados en el siglo XII. Visitamos ocho o diez, todos ellos con encantos diferentes: Angkor Wat, templo hinduista, el edificio religioso más grande del mundo; el templo Bayón, con 54 torres y más de doscientas caras de Buda, cuatro por torre más o menos; Ta Phrom, fantasmagórico, mágico, surreal, las imágenes de las inmensas raíces trepando por los muros de los templos se colarán durante días en tus sueños; Banteay Srei, templo precioso, filigranero, construido por mujeres; Phrea Khan, simétrico de interminables pasillos; o, el último por terminar la lista en algún punto, el templo Neak Poan, una pequeña torre a la que se accede por una pasarela de madera sobre un lago que bien podría utilizarse como escenario para pelis de misterio. Todo esto encontrarás en Angkor; vale la pena sufrir ese clima de altas temperaturas y humedad extrema. Una vez vuelves a casa, te quedará el recuerdo de unos monumentos únicos y unas gentes adorables.

Nota: la funcionalidad “engadir fotos” no funciona; de ahí la falta de fotos :-((

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