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Las gentes de Cataluña

Hace unos días, me lo confesaba una charnega, una catalana nieta de andaluces y extremeños. La califico del modo en que ella misma se identifica. Habla y con su gesto transmite un sentimiento de incomprensión e indefensión. Dice: “Nos están desquiciando, no sé lo que va a ser de nosotros”. Tiene algo más de treinta años, ha vivido en Jordania y Londres y jamás se consideró independentista. Creo que reproduzco sus palabras literalmente: “Yo me siento española pero no me permiten serlo”. Y afirma que el día 1 de Octubre saldrá a buscar una urna por toda la ciudad. Y que votará Sí “para ver si de este modo se enteran de algo”. Me muestra orgullosa en el móvil el vídeo de la última Diada. “Es sobre todo nuestra fiesta, que se celebra en un ambiente fraternal maravilloso. ¿Y qué han destacado? Al imbécil que quemó las banderas.”

El sentimiento de los catalanes

El caso que comento en el párrafo anterior reproduce el sentimiento de la mayoría en Cataluña; desde luego, de la mayoría en Barcelona. Desde hace diez años, vengo con regularidad a esta ciudad. He asistido a la metamorfosis que han producido durante este tiempo las políticas del Partido Popular. Las gentes de Cataluña se sienten agredidas desde 2009 cuando el Tribunal Constitucional derogó una parte relevante del Estatut aprobado en 2006. Se sienten menospreciadas cada vez que el gobierno del Partido Popular desoye sus demandas de autogobierno. Se sienten vilipendiadas cada vez que alguno de los medios “oficialistas” los ofende desde Madrid. Y se sienten excluidos cada vez que el establishment maniobra en contra de sus legítimas aspiraciones.

El sentimiento independentista en Cataluña se ha duplicado en apenas siete años. En el Partido Popular nadie parece haber estudiado las razones de una tan drástica evolución. Tampoco parecen preocuparle al PP las causas de esos seis años consecutivos de masivas Diadas reivindicativas. Desde luego, no se cuestionan los efectos que está provocando en la ciudadanía de Cataluña la agresiva campaña de coerción y represión lanzada por el gobierno Rajoy para impedir el referéndum del 1 de Octubre. Lo que piensan y sienten los ciudadanos de Cataluña –no sus partidos o sus instituciones– parece traerles sin cuidado.

Habría que preguntarse si esta falta total de empatía del PP respecto a los catalanes se explica por la recalcitrante estulticia de sus cargos (improbable), por el mandato cósmico de sus ancestros (quizás) o porque consideran que el enfrentamiento abierto y el enconamiento de las posturas constituyen los argumentos que les garantizan el mantenimiento en el poder (casi seguro).

Un nuevo gobierno como solución

Mi impresión personal (solo eso) después de diez años visitando Cataluña reiteradamente es que la mayoría de catalanes, más que separarse de España, lo que desean es segregarse del Partido Popular; o mejor: de la particular visión que el Partido Popular tiene de España. ¿Cuál es esta versión? Pues la de un país de pensamiento único, de cultura única y de nación única; un país en el cual la Justicia se pone al servicio del partido hegemónico; un país en el que la policía organiza impunemente investigaciones espurias; un país en el cual los medios de comunicación sirven a los intereses de los grupos de poder; un país donde la corrupción se ha generalizado y es amparada desde el ejecutivo; un país en el que impera la precariedad y la desigualdad social; un país que condecora vírgenes y subvenciona fundaciones franquistas; un país en el que la libertad de expresión depende del gusto de los clanes que manejan el cotarro; un país dividido, enfrentado, deprimido y desquiciado. En esa versión de país ellos saben gobernarse.

El Parlament de Cataluña ha convocado un referéndum que es una castaña y que carece de las mínimas garantías de legitimidad. La Generalitat se empeña en su celebración aun sabiendo de su nula representatividad. Hubo ocasiones para negociar las posturas de cada cual, todas ellas rechazadas. La actitud del gobierno Rajoy ha sido la negación, los tribunales y la policía. Y el recurso a los medios afines que aplauden y jalean cada movimiento. La ciudadanía de Cataluña asiste perplejo y se posiciona al lado de sus instituciones. El Partido Popular continúa impertérrito actuando en contra del sentimiento mayoritario de los catalanes y apelando a una legalidad que ellos han conculcado una y otra vez por activa y por pasiva. La brecha entre las dos realidades es ya inmensa.

Por eso la solución tras el 1-O no pasa por unas nuevas elecciones en Cataluña, como afirman algunos, sino por unos comicios generales. Es imprescindible formar un nuevo gobierno en España que sanee este ambiente contaminado, que tienda la mano, que acerque posturas, y que empiece la reconstrucción de este país a partir del modelo de convivencia que el ciudadano –catalán y español– está demandando a gritos. En un momento próximo y necesariamente sosegado, habrá que pactar un referéndum que calme los ánimos de un modo definitivo y deje atrás estos momentos de tanta vergüenza y desolación. Necesitamos un gobierno que considere y trate al ciudadano como el elemento clave y esencial de toda esta historia.

Artículo publicado en Mundiario

Sobre lo que ocurre en Cataluña

El conflicto entre el Partido Popular y Cataluña viene de julio 2006 cuando los visionarios dirigentes del PP decidieron presentar un recurso de inconstitucionalidad contra el nuevo Estatut, el cual había sido previamente aprobado por el Parlamento catalán y las Cortes Generales y refrendado en el correspondiente referéndum vinculante.

Por aquel entonces, el Partido Popular estaba en la oposición y el independentismo suponía el 14,9% del censo según el Centro de Estudios de Opinión. A partir de ahí todo cambió: el PP ganó por mayoría absoluta las elecciones generales de 2011 y el independentismo se convirtió en la primera opción de los votantes en Cataluña según datos del mismo instituto demoscópico (3ª oleada 2013: 48,5% Estado independiente frente al 21,3% que preferían una España federal, el 18,6% Cataluña Comunidad Autónoma y el 5,4% simple Región).

La cucaña del referéndum

El gobierno de la Generalitat ha anunciado para el próximo 1 de Octubre, un referéndum vinculante por la independencia de Cataluña. Quiere esto decir que si el resultado de la consulta fuese proclive a la secesión, el ejecutivo catalán declararía a continuación la independencia. Esto sobre el papel, naturalmente, y sin exigir, por cierto, un porcentaje de participación mínima.

¿Qué opción se revela como alternativa más probable? Hay que tenerlos bien colocados para hacer un pronóstico, o ser un inconsciente. Yo apuesto, con la humildad y la osadía del inconsciente, porque la cosa se quede en un simulacro tras el cual los unos y los otros puedan conservar, con un grado más de exacerbación, su posición actual.

Este referéndum se nos presenta como la cucaña de las fiestas del pueblo. Se intenta una y otra vez alcanzar la cima pero una y otra vez los candidatos se precipitan al agua. En eso consiste el sarao, en una serie interminable de chapuzones. Y nadie se siente defraudado. Cuanto más aparatosa la caída, mayor la celebración (hasta que de repente aparece un despistado que consigue llegar a la cúspide entre el estupor de los asistentes).

Esta cucaña se ha ensebado con kilos de tocino, por los unos y por los otros. Más fácil sería trepar por un palo seco. Es decir, intentar una negociación con distintos plazos y objetivos. Los avances serían lentos, habría etapas de remanso y otras de aceleración, pero estamos hablando de Historia. Hasta el más convencido de los independentistas habrá de reconocer que una relación tan estrecha –íntima se diría– como la que Cataluña y España han protagonizado estos últimos cinco siglos no se puede romper entre empellones y trapicheos. Sabe positivamente que un proceso de este calado exige el cumplimiento de una larga lista de requisitos de múltiple naturaleza que no se resolverán por mucho que se retuerza la voluntad popular.

Un referéndum de independencia exige, de entrada, otro escenario, y una valoración profunda de argumentos, y un debate amplio y sereno, y la ausencia de elementos distorsionadores. Y requiere para su implantación de una mayoría sólida y consolidada y un plan de acción exento de incertidumbres y unos dirigentes limpios de sospecha dispuestos a adoptar las posiciones generosas que la creación de un nuevo Estado demandaría.

Sin embargo, el referéndum que se está montando no pasa de “trapallada”, término gallego que viene a significar algo así como “chapuza para cuando eres incapaz de articular la solución adecuada”. Repasar la lista de inconveniencias, objeciones, reparos, tapujos y mascaradas que se han acumulado en estos últimos meses nos alejaría del modesto objetivo de esta colaboración.

Todos ganan

Lo peor: este referéndum no garantizaría en absoluto la representatividad de su resultado. Resulta bastante probable que el independentismo gane con holgura cuando la realidad ciudadana sea posiblemente otra. ¿Cómo es posible entonces que se haya llegado hasta aquí? En síntesis, porque a (casi) todos beneficia el referéndum y porque a (casi) nadie perjudica.

El mayor beneficiario es claramente el Partido Popular. En cualquier otro contexto, resultaría inimaginable que una organización política tan agujereada por escándalos e indecencia pudiese conservar su condición de fuerza mayoritaria. El “proceso catalán” sirve al PP no solo para sostener su base electoral sino también como excusa para restaurar sus convicciones más profundas, esas que lo colocan una y otra vez ante el espejo del franquismo. Es algo más que curioso, por ejemplo, contrastar la obsesión que los populares muestran con la Ley en materia de Cataluña y el desprecio que manifiestan en otras cuestiones como la Memoria Histórica.

El partido heredero de Convergencia, el llamado PDeCAT, se agarra al referéndum como a su última tabla de salvación. El legado del pujolismo, el flujo de corrupción que inunda sus estructuras y el rastro de la política neoliberal que aplicó con fruición durante la crisis, han hundido las expectativas electorales de un partido histórico que ha protagonizado una bastante lamentable refundación. El referéndum sería su trofeo y la independencia su probable revitalización.

Esquerra Republicana lo tiene claro como el agua. En 2006, propugnó el NO al nuevo Estatut, postura apoyada tan solo por el 20,76% de los votantes. En las elecciones al Parlament celebradas ese mismo año, había obtenido el 14% del total de votos. Pero es que en los comicios de 2010, alcanzó únicamente el 7%; pasó a ser la quinta fuerza en Cataluña. A partir de la sentencia del Tribunal Constitucional de 2011 que afeitaba el texto del Estatut, ERC experimentó un ascenso meteórico que la ha situado como primera organización política y eje central del modelo que termine instaurándose. Esquerra se lo debe todo al Partido Popular y a su postura beligerante contra Cataluña.

El PSC-PSOE vive el referéndum como el intervalo que precisa para su reconfiguración orgánica. Agarrado a la bandera de la plurinacionalidad que cosiera en los años de la Transición, espera recuperar terreno en su segundo gran bastión territorial. Sin Cataluña, el PSOE nunca ganará en España. Con el PP y Ciutadans dominando el exiguo segmento de conformes con el statu quo actual, el PSC solo puede morder en las carnes de ERC y de En Comú Podem. Por ello debe visualizar y difundir el mensaje del federalismo, que sin embargo no garantiza la recuperación de protagonismo. De acuerdo con el Centro de Estudios de Opinión, la opción federal se encuentra en su momento más débil, con apenas un 21,7% de las preferencias (1ª oleada 2017).

Para Ciutadans, el referéndum no solo le permite mantenerse en el candelero como fuerza de origen catalán sino que, al igual que ocurre con el Partido Popular, le da alas para mostrar su carácter jacobino más rancio (y seguramente genuino) y seguir apoyando al PP por mucho que el partido gobernante continúe incumpliendo las iniciales exigencias de C’s.

Así pues, todos ganan. O casi. Queda el partido -o lo que sea- de Iglesias y Colau, Podemos y sus famosas confluencias, que semejan cualquier cosa menos una organización cohesionada. Dirán, echando mano de su versión más pop, que la cohesión no es imprescindible en política, que bienvenida sea la diferencia y el contraste, que de la mistura de ingredientes discordantes, emanará la esencia más pura. Dirán lo que quieran utilizando esa retórica pseudofilosófica tan de la Complutense que apenas entiende el ciudadano medio. Por eso están bajando en las encuestas. Por eso, a ellos lo del referéndum, no les cuadra nada bien.

Artículo publicado el 14 de Julio en Mundiario con el título: 1-O: Un referéndum que beneficia a (casi) todos en Madrid y en Cataluña

Atentado

Tan fácil como ponerse al volante de una furgoneta y pisar el acelerador. El carnet de conducir tan siniestro como la licencia de armas. Son ideas que nos rondan por la cabeza tras los atentados de Cataluña. Un cuchillo de cocina tan efectivo como una kaláshnikov.  ¡Qué sencillo es matar!

En perspectiva

Y sin embargo, han pasado trece años desde aquel 11M de Madrid. Los numerónimos facilitan la identificación de los atentados terroristas; pronto hablaremos del 17A. Lo cual no deja de ser una buena señal. El terror otrora diario, se ha vuelto por fortuna esporádico en España. El dolor por la tragedia no debe impedir la justa felicitación por la acción policial durante estos años en materia de prevención terrorista. Un dato: España se encuentra entre los diez países con una tasa menor de homicidios intencionados.

La elevada temperatura ambiente no facilita el análisis sosegado. Aun así, me atrevo a ofrecer una visión general sobre el grado de violencia imperante en el mundo y en Europa. Según datos del Banco Mundial, el índice de homicidios voluntarios por cada 100.000 habitantes muestra una gran disparidad en función de las distintas regiones del planeta. Mientras que, por ejemplo, América Latina y Caribe presenta un índice del 22,5 y África subsahariana del 9,5, Asia Oriental y Pacífico ofrece una tasa del 1,5 y la Unión Europea del 1,0 (España 0,7); en el medio, Estados Unidos se eleva hasta los 4,9 homicidios intencionados por 100.000 habitantes.

El Global Peace Index que publica anualmente el Institute for Economics and Peace, representa otra magnífica referencia para poner las cosas en perspectiva. Se elabora a partir de 23 indicadores que aplica a 165 países y mide el “nivel de paz” que se respira en cada uno de ellos. De acuerdo al GPI, España ocupa el puesto 23 con valores muy próximos a Alemania, Finlandia, Suecia, Bélgica u Holanda. De los diez países “más pacíficos”, ocho son europeos. Portugal, por cierto, ocupa el tercer puesto de este ilustrativo ranking mundial. El índice global mejoró suavemente respecto al año anterior aunque muestra un ligero deterioro en una comparativa a diez años.

Reacciones incendiarias

Debemos reconocer que el ser humano, con independencia de raza o religión, ha dado sobradas muestras de maldad a lo largo de la Historia. No podemos negar esa tendencia al odio y al delirio que con demasiada frecuencia se pone de manifiesto en matanzas de congéneres. Por eso se me antoja de un valor singular el concepto de Paz Positiva que utiliza el Institute for Economics and Peace.

Se entiende como Paz Positiva la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, reducir los agravios entre ellos y resolver los desacuerdos sin el uso de la violencia. A través de un concienzudo trabajo analítico, ha identificado las variables principales que favorecen esta llamada Paz Positiva, entre las cuales me permito destacar las siguientes: aceptación de los derechos de los demás, buenas relaciones entre la ciudadanía, altos niveles de capital humano y equitativa distribución de los recursos. Ya sé que nos enfrentamos a unos fanáticos que poco entienden de sociología. Pero igualmente estoy convencido de que la aplicación universal de los criterios anteriores se revela la mejor receta para disminuir la violencia en el mundo, también la yihadista.

Y esto debe empezar por las reacciones de los líderes de opinión. Frente a anteriores manifestaciones terroristas, la comunicación social se esforzaba por delimitar perfectamente a los causantes del horror. Se hablaba de terroristas de ETA, o de asesinos del GRAPO, o de criminales del GAL. Describir ahora como “islamistas” a los promotores del terror es una simplificación posiblemente interesada que nada beneficia a la resolución de este temible conflicto. Los asesinos de Cataluña son terroristas de ISIS o del Daesh, esta es la forma correcta de denominarlos.

Me resultan aborrecibles los mensajes de Isabel San Sebastián o de Alfonso Rojo. La primera lanzó el siguiente tweet en respuesta al primer atentado: “Malditos seáis, islamistas hijos de… Ya os echamos de aquí una vez y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática.” Por su parte, el periodista leonés, tiró de su controvertida ironía para advertir: “como saldrán los progres diciendo que el Islam no tiene nada que ver, hay que saber si el tipo es budista o mormón”. Impagables ejemplos de sectarismo. En dosis de xenofobia, solo les ha ganado Trump.

El artículo publicado en Mundiario

 

El buen capitalismo / O bo capitalismo

No estoy pensando en el samaritano. No creo en el buen capitalista, menos en el que está dispuesto a parar en el camino para socorrer al caído. Creo en el socialista que conoce los beneficios del capitalismo. Leo en El País (sí, aún leo El País de vez en cuando, con la mirada torva y el gesto revirado) un artículo ilustrativo. Su intención es, eso, ilustrar sobre las relaciones presuntamente idílicas entre la cultura que se hace en Madrid y Barcelona. Sus intenciones son claras pero yo paso de ellas y me voy por otro lado. Madrid es mejor porque existe Barcelona y Barcelona es mejor porque allá abajo está Madrid. Se trata de la competencia, que nos hace mejores y con ello conseguimos el progreso. No es ideología sino Historia. El capitalismo crea riqueza, en unas ocasiones concentrada en unos pocos, en otras ocasiones repartida. Nunca será equitativa, eso por descontado, pero sí puede llegar a la mayoría. Por eso digo que hay clases de capitalismo igual que hay distintos tipos de zanahorias o distintas especies de mustélidos. Aunque no se encuentre en la teoría económica, existe el capitalismo de avaricia, el que procura el enriquecimiento de unos pocos, clase hegemónica que pretende mantener el statu quo privilegiado. De hecho, podemos afirmarlo: se trata del caso más común. Pero existe también el capitalismo racional -que tampoco figura en ningún manual de economía- el que procura la distribución equitativa de la riqueza mediante políticas propiciadoras de igualdad social. Atención a la frase sencilla; en ella reposa el principal criterio que debiera regir las relaciones económicas: “La competencia sana es buena”. En la cualidad descansa la virtud…

Nos vemos en Twitter, en Facebook o en Linkedin 


Non estou a pensar no samaritano. Non creo no bo capitalista, menos no que está disposto a parar no camiño para socorrer o caído. Creo no socialista que coñece os beneficios do capitalismo. Leo en El País (si, aínda leo El País de cando en vez, coa mirada torva e o xesto revirado) un artigo ilustrativo. A súa intención é, iso, ilustrar sobre as relacións presuntamente idílicas entre a cultura que se fai en Madrid e Barcelona. As súas intencións son claras pero eu paso delas e voume por outra banda. Madrid é mellor porque existe Barcelona e Barcelona é mellor porque alá abaixo está Madrid. Trátase da competencia, que nos fai mellores e con iso espolea o progreso. Non é ideoloxía senón Historia. O capitalismo crea riqueza, nunhas ocasións concentrada nuns poucos, noutras ocasións repartida. Nunca será equitativa, iso por descontado, pero si pode chegar á maioría. Por iso digo que hai clases de capitalismo igual que hai distintos tipos de cenorias ou distintas especies de mustélidos. Aínda que non se atope na teoría económica, existe o capitalismo de avaricia, o que procura o enriquecemento duns poucos, clase hexemónica que pretende manter o statu quo privilexiado. De feito, podemos afirmalo: trátase do caso máis común. Pero existe tamén o capitalismo racional -que tampouco figura en ningún manual de economía- o que procura a distribución equitativa da riqueza mediante políticas propiciadoras de igualdade social. Atención á frase sinxela; nela repousa o principal criterio que debería rexer as relacións económicas: “A competencia sa é boa”. No adxectivo descansa a virtude…

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Un referéndum de interdependencia

Es que beneficia a todos, que se retroalimentan los unos a los otros. Sostengo esa tesis en el artículo publicado hace unos días en Mundiario:

1-O: Un referéndum que beneficia a (casi) todos en Madrid y en Cataluña

Digo, por ejemplo, que el mayor beneficiario de la convocatoria del referéndum “es claramente el Partido Popular. En cualquier otro contexto, resultaría inimaginable que una organización política tan agujereada por escándalos e indecencia pudiese conservar su condición de fuerza mayoritaria.” También beneficia al PDeCAT que “se agarra al referéndum como a su última tabla de salvación”. No digamos a ERC y ahí están los números para demostrarlo “científicamente”: era quinta fuerza en 2010, es ahora la primera y holgadamente. El PSC-PSOE “vive el referéndum como el intervalo que precisa para su reconfiguración orgánica. Agarrado a la bandera de la plurinacionalidad que cosiera en los años de la Transición, espera recuperar terreno en su segundo gran bastión territorial”. Para Ciutadans, “el referéndum no solo le permite mantenerse en el candelero como fuerza de origen catalán sino que, al igual que ocurre con el Partido Popular, le da alas para mostrar su carácter jacobino más rancio”.

La excepción, el casi, se refiere a Podemos – Catalunya en Comú. Es la única fuerza política perjudicada por el referéndum, el cual pone de manifiesto la dificultad de un discurso cohesionado. Hay argumentos para defender su postura pero no son fácilmente transmisibles. El profesor Vincenç Navarro lo intenta en un bien construido artículo que se puede consultar en este link. A mí me parece que, en cualquier caso, este referéndum no les cuadra nada bien. Coincido en las críticas del profesor de economía sobre el modo y manera en que se está conduciendo esta convocatoria, que por el momento no pasa de anuncio. Creo que lo están haciendo retorcidamente mal. En el artículo de Mundiario dejo mis razones.

De saharauis y palestinos

En galego

Sé que no voy a decir nada nuevo…

Ayer vi un par de reportajes que parecían entrelazados. Me pregunto cómo se crea una buena o una mala reputación. Churchill dejó la leyenda de ser un hombre extraordinario a pesar de sus diferentes cambios de posición política. Tampoco es cuestión de demonizar a los que rectifican pero tal vez las convicciones deberían tender a una cierta estabilidad. No sabía que Churchill había sido un eje fundamental para la creación del Estado de Israel. Al parecer, el gobierno laborista se mostró claramente en contra. Incluso Roosevelt emitió señales de serias dudas. Los judíos de los Estados Unidos querían profesar su fe sin dejar de ser estadounidenses. Una buena parte de ellos renegaba de un estado común, veía en el judaísmo una religión  antes que una entidad política o territorial. La creación del Estado de Israel en 1948 representó la condena más cruel para la población palestina. Han transcurrido 70 años y Palestina sigue viviendo en condiciones de infrahumanidad bajo el acoso  y la humillación diarias.

El segundo reportaje se refiere al pueblo saharaui cuya tragedia comenzó en noviembre de 1975 cuando el régimen de Franco le negó cualquier derecho a la colonia española que es entregada en infame bandeja de plata a Marruecos y Mauritania. La ONU puso en duda la validez jurídica del acuerdo tripartito y no reconoce la administración marroquí del Sahara Occidental. Ya la Corte Internacional de Justicia de La Haya había dictaminado a favor de la autodeterminación del territorio. Después de la ignominiosa retirada de las tropas españolas, Marruecos y Mauritania (que más tarde se retiró por la presión del Frente Polisario) invaden el Sahara Occidental. Los saharaius huyen de las ciudades para refugiarse en campamentos improvisados ​​en el desierto de Argelia. Su situación de desamparo dura ya 42 años. Desde 1988, la ONU dispone de un plan de paz que incluye la celebración de un referéndum de autodeterminación, siempre bloqueado por Marruecos. En estos momentos, después de múltiples demostraciones de ineficacia por parte de la ONU y de la llamada comunidad internacional, la lucha armada parece ser la única solución a la que se sienten condenados los jóvenes saharauis.

¿No tendría que hacer algo el gobierno español después de haber sido el principal causante de la situación?

 

La bandera en Madrid / A bandeira en Madrid

Algunos se empeñan en utilizar las banderas como los capiteles en el Medievo, para ilustrar y educar. En Madrid, algún día crearán la Consejería de trapos y banderas. Cospedal, siempre al acecho, colocó la suya a media asta por Semana Santa. Pronto nombrará generala a la Virgen de los Dolores; y a la de Lourdes, delegada de Defensa en Portugal. La derecha es propensa a gobernar en beneficio de mitos y leyendas.

En Madrid, como en algún otro lugar, enrollan los cuchillos en banderas rojigualdas para clavárselos a los toros hasta la médula; tal que cada uno fuese una representación de la roca de Perejil. Ni siquiera Carmena prohibirá la tortura animal, por si la acusan de cargarse la llamada fiesta nacional. Los toros en Madrid tienen alma pero los novilleros no.

Carmena colocó en el nuevo Ayuntamiento una pancarta dando la bienvenida a los refugiados, que nunca la llegarán a leer. Pero no retira las banderas que convierten La Cibeles en una especie de tarta de cumpleaños. Al parecer celebran así las Copas de Europa ganadas por el Real Madrid, ese equipo que alinea algunas veces a Sergio Ramos junto a diez extranjeros. Ya dicen que es la bandera de todos.

En Colón ensartaron otra bandera, que en realidad semeja el pañuelo para sonarle los mocos a Dios. Le pidieron las medidas al jardinero del Bernabeu. Una bandera que se ve desde la Plaza del Rei de Barcelona y desde la Plaza Mayor de Bilbao.


Algúns empéñanse en utilizar as bandeiras como os capiteis no Medievo, para ilustrar e educar. En Madrid, algún día crearán a Consellería de trapos e bandeiras. Cospedal, sempre á espreita, colocou a súa a media asta por Semana Santa. Pronto nomeará xenerala á Virxe das Dores; e á de Lourdes, delegada de Defensa en Portugal. A dereita é propensa a gobernar en beneficio de mitos e lendas.

En Madrid, como nalgún outro lugar, enrolan os coitelos en bandeiras rojigualdas para cravarllos aos touros ata a médula; tal que cada un fose unha representación da roca de Perejil. Nin sequera Carmena prohibirá a tortura animal, por se a acusan de finiquitar a chamada festa nacional. Os touros en Madrid teñen alma pero os novilleiros non.

Carmena colocou no novo Concello unha pancarta dando a benvida aos refuxiados, que nunca a chegarán a ler. Pero non retira as bandeiras que converten La Cibeles nunha especie de torta de aniversarios. Disque celebran de tal xeito as Copas de Europa gañadas polo Real Madrid, ese equipo que aliña algunhas veces a Sergio Ramos xunto a dez estranxeiros. Xa din que é a bandeira de todos.

En Colón ensartaron outra bandeira, que en realidade semella o pano para soarlle os mocos a Deus. Pedíronlle as medidas ao xardineiro do Bernabeu. Unha bandeira que se ve desde a Praza do Rei de Barcelona e a Praza Maior de Bilbao.

Un par de artículos más

Quen ía a pensar que un artigo sobre eucaliptos tería a repercusión que conseguiu este: “Galicia, de paraíso natural a inmenso eucaliptal en unas pocas décadas“. Nada menos que 4.600 veces foi compartido. Espero que sexa o reflexo da preocupación existente sobre a proliferación, auténtica invasión, desta árbore alóctona sobre a paisaxe e o desenvolvemento rural de Galicia. Asimesmo espero que o artigo sirva para empurrar sequera un chisco na dirección correcta: a de reducir a presenza do eucalipto nestas terras.

E igualmente en Mundiario, una nueva colaboración con Donald Trump de sujeto principal. El artículo tiene dos partes: la primera, que cuestiona la legitimidad del nuevo presidente USA para tomar las decisiones que se le antojen; la segunda, la resistencia de una sociedad civil que se moviliza ante tanto despropósito. Aquí queda el vínculo al artículo: La sociedad civil reacciona ante los desmanes presidenciales de Donald Trump.

 

Donald Trump y las armas

Primero unos datos sobre muertes en las principales ciudades norteamericanas:

Chicago es la tercera capital de Estados Unidos atendiendo a su población tras Nueva York y Los Angeles. Las autoridades locales se muestran preocupadas por la evolución de los crímenes con armas de fuego en la ciudad. En los primeros ocho meses del año, 2.808 personas has sido tiroteadas lo que supone una media de 82 a la semana. Fruto de tanto gatillo fácil, 487 ciudadanos han sido asesinados. Más que por los números en términos absolutos, la alarma parece producirse por la comparación: en Nueva York llevan 222 víctimas por disparos de armas de fuego; en Los Angeles, 176.

Ahora unos datos sobre la industria de las armas en Estados Unidos:

13.500 millones de dólares ingresa anualmente la industria armamentística USA; 3.100 millones $ de ventas en el comercio al por menor; 11 millones de armas producidas al año, el 96% destinadas al mercado nacional; stock aproximado de 300 millones de armas propiedad de particulares; en el 31% de los hogares estadounidenses hay al menos un arma.

Y en el medio de ambas realidades, encontramos a Donald Trump. En este artículo se dan las claves:

Donald Trump se muestra partidario del derecho a portar armas

 

 

Unha estratexia para En Marea

en MareaGalicia vai mal, moi mal, décadas de devalo sen que os ciclos económicos afecten de xeito relevante a vaga de desolación económica do País. Os datos demostran o que a realidade amosa: décadas de perda de poboación, avellentamento, liquidación de postos de traballo, marcha das principais empresas, nulas oportunidades laborais para a xente nova, emigración coma única saída. Galicia necesita una renovación urxente e profunda das súas estruturas e, como cada convocatoria, as vindeiras eleccións representan una nova ocasión.

Por múltiples razóns de peso, o Partido Popular debe pasar á oposición en Galicia. Mais semella que as circunstancias tampouco esta vez non son propicias. Co BNG ao seu e o PSdeG ao de calquera outro, En Marea revélase como a única opción capaz de darlle a volta á situación. A alternativa parece aínda verde mais tempo é xusto do que non se dispón.

No artigo adxunto (O DAFO das Mareas) publicado en Galicia Confidencial, analizo a posición de partida de En Marea de cara ás eleccións do 25S tirando da coñecida ferramenta a través da que se identifican os factores externos (Ameazas, Oportunidades) e internos (Fortaleza, Debilidade) nos que habería de incidir para mellorar a capacidade de competir. Necesitamos unha estratexia para gañar as vindeiras eleccións. Polo ben do País!