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Vietnam de norte a sur

Visitamos Vietnam por rellenar un hueco personal. Nada sabía de las culturas orientales más allá de los tópicos. Así que desafiamos sentido común y resistencia física dispuestos a abordar las 24 horas de trayecto entre nuestra casa de A Coruña y nuestro hotel en Hanoi, capital de Vietnam. Hanoi se sitúa al norte de un país que se extiende como una lengüeta por el Pacífico más próximo al Índico. Entre aeropuerto y ciudad, descubrimos un territorio dividido en cientos de pequeñas fincas, el minifundismo a golpe de escuadra y cartabón. Al parecer, el sistema les funciona. En esta zona no plantan arroz porque el terreno, lindando con el río Rojo, es básicamente arenoso.

Así fue nuestro encuentro con una capital de seis millones de habitantes (contando área metropolitana): recorrido por el Barrio Antiguo a bordo de un triciclo taxi; una hora, dos euros. Edificios más bien destartalados a lo largo de calles estrechas a las cuales no vendría mal un punto más de higiene. Denso entramado de cables eléctricos. Diminutos taburetes de plástico donde sentarse a comer, charlar o jugar a las damas chinas. Calor sofocante y humedad. Muchos pies descalzos. Un tráfico inusitado. Scooters a miles, como termitas. Pequeños comercios plenos de baratijas.

Por la tarde, visitamos un teatro de marionetas acuáticas, pintoresco espectáculo ejecutado por casi veinte titiriteros y músicos. No dio para más el día. A la mañana siguiente, visita al Mausoleo de Ho Chi Minh, bloque granítico al estilo utilizado con otros líderes comunistas. El hombre quería algo modesto pero sus últimas voluntades no fueron respetadas. Allí mismo se encuentra la que fue su residencia, en un parque con vocación de jardín botánico. En realidad, el héroe de la independencia vietnamita ocupó una modesta casa de madera -la Casa Zancuda- a poca distancia del palacio presidencial. El lugar también acoge la Pagoda de un solo pilar (el budismo siempre presente, incluso aquí) y alguna otra curiosidad. Entre ellas, la flor de loto, símbolo budista, o las banderas de cinco colores que representan los cinco elementos según la filosofía china tradicional: agua, tierra, fuego, metal y madera (por los cuatro de Occidente: agua, tierra, fuego y aire). En uno de los templos, encontramos fotografías de difuntos señalados con la esvástica, símbolo que significa “prosperidad, buena fortuna” para los budistas.

Continuamos al Templo de la Literatura, dedicado a Confucio. Los templos en Vietnam se dedican a personalidades destacadas y las pagodas a Buda en sus distintas manifestaciones. El Templo de la Literatura se extiende a lo largo de cinco patios, uno por elemento. Seguimos visitando distintas pagodas donde descubrimos la curiosa tradición de ofrecer frutas y otras viandas a las deidades allí representadas. Por señalar alguna, nos quedamos con Tran Quoc y con el templo de Ngoc Son, en el lago Hoan Kiem al final del puente Rojo. Hanoi, por cierto, es rico en lagunas, lo que implica un cierto desahogo para una ciudad con tal nivel de caos y ruido. Última visita: el Museo de la Historia, que nos demuestra cómo los distintos pueblos se han comportado de manera homogénea en aras a la supervivencia y se han diferenciado, sin embargo, en cuestión de arte y creencias.

La bahía de Halong representó una de las decepciones del viaje, no por el paisaje, excepcional, sino por la explotación turística que se respira y por el exceso de horas impuestas en el programa. Un crucero de 2/3 horas sería suficiente. En camino para tomar el avión que nos conduciría a Hue, paramos en la pagoda seminario de Yen Tu, un complejo amplio que debería haber sido restaurado con algo más de cuidado. Llegamos a Hue, capital de Vietnam entre 1802 y 1945, donde visitamos la Ciudad Imperial, sede de los reyes títere, meras figuras decorativas manejadas por Francia. Después, la pagoda de Thien Mu y los templos funerarios de los emperadores Tu Duc y Khai Dinh. Estos templos se disponían en cinco zonas: patio de honor, estela, templo, tumba y lago. Un paseo, quizás prescindible, por el río Perfume, dio término a la estancia en esta ciudad de pasado rimbombante.

Tiramos en autobús para Hoi An. En el camino, hacemos parada en la laguna salada de Lang Co, lugar fotogénico, y en el Paso de las Nubes donde se localiza un antiguo enclave del ejército USA. Hoi An es Patrimonio de la Humanidad, una ciudad cruzada por el río Thu Bon el cual separa los distritos chino y japonés. El puente japonés, unido a una pagoda, es el símbolo de la ciudad. La concesión de la UNESCO se justifica por la sucesión de casas construidas entre los siglos XV y XIX que muestran una heterogeneidad de estilos e influencias. Se ha de visitar alguna casa específica, acondicionada ahora como museo; en nuestro caso, penetramos en la llamada Tan Ky. Me llamaron la atención, sobre todo, los dos altares instalados en el centro de la vivienda, uno dedicado a los difuntos de la familia, a los que se reza el 1 y 15 de cada mes del año lunar, y el ofrendado a Buda Misericordia, al cual se reza, con incienso, todos los días antes de salir al exterior. No lejos de Hoi An se encuentran las Montañas de Mármol; en sus pasos y cuevas se han esculpido altares hinduistas y budistas y se han construido pagodas y templos. Durante la Guerra del Vietnam, una de sus mayores cuevas fue utilizada como hospital.

Como último destino del viaje, recalamos en Saigón, hoy Ciudad Ho Chi Minh. No es capital aunque sus infraestructuras y su nivel de desarrollo lo merecerían. El tráfico en Saigón recuerda al enjambre de Hanoi. También la multitud de pagodas y templos.

Nos llamaron la atención especialmente Thien Hau, en el barrio chino de Cholon, y sobre todo, la pagoda del Emperador de Jade en la cual los fieles adoran exóticas esculturas vinculadas a Buda entre la niebla del incienso. Ciudad Ho Chi Minh presenta múltiples atractivos: su oficina de Correos diseñada por Gustav Eiffel, la Torre Bitexco que ofrece una vista panorámica espléndida, el estremecedor Museo de los Restos de la Guerra, el Museo de Bellas Artes con una importante colección de pinturas con motivos bélicos, el Museo de Medicina tradicional vietnamita, los túneles de Cu Chi o el delta del Mecong y sus casas flotantes. Un consejo final: como despedida, asiste al “A O Show” del Teatro de la Ópera, un espectáculo que combina de manera sublime las tradiciones de este país, la vanguardia expresionista y los deseos de felicidad para hombres y mujeres de buena voluntad.

Ve también “Lo que aprendimos en Vietnam

 

Lo que aprendimos en Vietnam

Los vietnamitas quieren vivir en paz. Son 92 millones. Su historia muestra un pueblo en permanente conflicto con China y en esporádica pugna con distintos países, Francia, Estados Unidos, Camboya… Su raza no se diferencia de la raza china. Por ello, hasta 1945, año de su independencia definitiva (esperemos), se teñían los dientes de negro, para diferenciarse.

El Vietnam de hoy contempla vestigios del pasado colonial. En torno a 1850, Francia ataca la península indochina en su ánimo de controlar el negocio de materias primas y abrir una ruta comercial hacia China. Consigue apropiarse del territorio hoy ocupado por Laos, Camboya y Vietnam. Los franceses dividen Vietnam en tres zonas geográficas y gobiernan a su antojo a través de los llamados “reyes títere”.  España ayuda a Francia en la campaña de Cochinchina, la zona sur con capital en Saigón. Las sublevaciones contra los franceses siempre fracasan hasta que durante la Segunda Guerra Mundial, Vietnam es ocupada por Japón, país aliado de la Alemania nazi. El movimiento de liberación nacional, de ideología comunista y liderado por Ho Chi Minh, aprovecha la vulnerabilidad que propicia la Guerra Mundial para alzarse en armas y recuperar la soberanía del país. No obstante, nuevas acciones por parte de Francia provocan la continuidad del conflicto hasta la firma de la paz en 1954.

Lo que habría de ser un acuerdo entre Francia y los países que conformaban en aquel entonces Indochina, se convierte en un apaño entre China y Estados Unidos según el cual Vietnam se divide en dos: el norte dominado por China, el sur controlado por los yanquis. Un intento de unificación con hegemonía comunista es contestado por fuerzas contrarias al proyecto apoyadas por Estados Unidos. Enseguida estalla la confrontación que terminaría por convertirse en una de las guerras más sanguinarias y crueles de la historia contemporánea. Las barbaridades cometidas por el ejército norteamericano han quedado reflejadas en el Museo de la Guerra de Saigón, cuya visita resulta estremecedora. En 1975, tras veinte años de lucha y muerte, Estados Unidos es vencido. Vietnam queda destrozado. La llamada Guerra del Vietnam aún se recuerda vivamente y no es para menos. Lo que ocurrió en aquellos años no debe ser olvidado jamás.

Pero lejos de intentar instaurar la paz como principio de convivencia, Vietnam, apoyado por la Unión Soviética, atacó Camboya en 1979. Con ello, acabó con el régimen aterrador de Pol Pot y los jemeres rojos, éstos apoyados por China. Las fuerzas vietnamitas permanecen en Camboya (llamada entonces República de Kampuchea) hasta 1989. En ese momento, el Partido Comunista de Vietnam ya ha adoptado los principios de la economía capitalista con lo cual el país, finalmente, inaugura una época de paz y de búsqueda del bienestar y el progreso económico. El desarrollo se pone de manifiesto en los millones de motocicletas que inundan las carreteras y caminos vietnamitas que antes se poblaban, sobre todo, de bicicletas. El tráfico resulta un caos incontrolable lo que hace pensar que, quizás, el crecimiento económico se está produciendo de manera igualmente poco equilibrada.

La nación vietnamita se edifica sobre tres pilares: el confucionismo, que inspira su vida terrenal, el budismo, que delimita su vida espiritual, y Ho Chi Minh, padre de la patria. Para un observador occidental, no es sencillo comprender la presencia tan sólida de doctrinas emitidas por un pensador -chino- que vivió en el siglo V a.C. y su influencia, por ejemplo, en el papel secundario que se suele encomendar a la mujer en el Vietnam del siglo XXI. Tampoco es fácil de entender la condición divina que se atribuye a un asceta -de nuevo chino y también del siglo V aC- capaz de adoptar muy diversas variantes. Más difícil aún puede resultar asumir esa convivencia diríase que natural entre el dogma comunista y las creencias religiosas que se derivan del budismo.

En términos más concretos, el visitante occidental se conmoverá por el esfuerzo de unos ciclistas en chanclas que desplazan con inusitada habilidad sus triciclo taxi entre un enjambre de motocicletas -sobre todo-, automóviles, furgonetas y autobuses. Será sorprendido ese visitante por la forma en la cual los vietnamitas confraternizan sobre minúsculos taburetes plásticos apostados sin orden ni concierto a lo largo de las aceras. Si su estómago se lo permite, podrá degustar platos de la gastronomía local en uno de los miles de puestos abiertos al público. También adquirir cualquiera de las baratijas que, por millones, ocupan unas tiendas que recuerdan la oferta comercial del “Chino Antonio”. Le sorprenderá seguramente las mascarillas que, en múltiples diseños, utiliza buena parte de la población a fin de protegerse de la contaminación y de los rayos del sol. Se asombrará por el enorme cauce de los ríos que riegan este país tan exigido por sus arrozales. Quizás llamen su atención unos carteles informativos que nunca están en alfabeto chino sino en el “quoc ngu” vietnamita, un legado de los franceses en su intento de marcar distancia respecto a la gran potencia mandarín. Ese visitante occidental, tal vez, se sienta defraudado al visitar alguna de las miles de pagodas distribuidas en cualquier localidad vietnamita, e incluso por los templos dedicados a los reyes y emperadores cuya pompa y ornamentación se encuentran a años luz de los que lucieron en sus momentos de esplendor las monarquías más poderosas del planeta.

En los diez días que pasamos en Vietnam, apenas disfrutamos de paisajes impresionantes; tampoco vislumbramos monumentos extraordinarios o lugares que nos dejasen sin respiración. Sin embargo, quedamos cautivados por un pueblo que, ajeno a sus aparentes contradicciones, muestra un respeto orgulloso por sus tradiciones legendarias al tiempo que encara un futuro por fin alejado de aquellos tiempos de contienda permanente.

Continúa en “Vietnam de norte a sur

Viaje por Grecia. Meteora y Corfú

Link a Atenas (I y II)

Link a Peloponeso

Esperábamos unas carreteras griegas en peores condiciones. Ir de una región a otra no da pereza, sabes que encontrarás poco tráfico, un firme más que aceptable y un paisaje apaciguador. Destino Kalambaka, a veces cambian la b por una p y entonces leemos Kalampaka; tendríamos que haber preguntado el porqué cada lugar puede adoptar distintas versiones de su nombre. Estamos en el área de Meteora. Las guías suelen exagerar, la mayoría de páginas prometen emociones fuertes. La nuestra dice “Meteora es uno de los lugares más extraordinarios del mundo”. Pues bien, no exagera ni una pizca. Significa “rocas en el aire” y tal cual. La región se ha configurado por multitud de enormes moles de piedra arenisca aparentemente inexpugnables; pero no. A partir del siglo XIII, fueron llegando primero eremitas, después monjes, dispuestos a vivir cerca de Dios. En un principio habilitaron cuevas que poco a poco fueron convirtiendo en moradas a través de, se supone, un esforzado trabajo. Había que escalar aquellas rocas a mano. A alguno se le ocurrió llevar una cuerda, que sirvió para alzar cuerdas más gruesas y, por tanto, más resistentes. Al cabo de un tiempo, disponían de poleas capaces de trasladar incluso seres humanos, a condición de que éstos no sufriesen vértigos ni aprensiones. Finalmente, llegaron a construir veinticuatro monasterios, hoy aún casi la mitad en pie; media docena habitados y visitables. Todos merecen parada, subida y recorrido porque todos ofrecen particularidades dignas de conocer. Por algo es Meteora uno de los lugares más extraordinarios del mundo.

Virando hacia el oeste unos 170 kilómetros, alcanzamos el pueblo costero de Igoumenitsa donde tomaremos el ferry a Corfú. Los hay cada media hora. El trayecto lleva alrededor de noventa minutos y la llegada impresiona por dos factores. El meteorológico deja a uno sumido en la confusión: a la derecha, las nubes más oscuras, densas y abusonas que hayas visto; a la izquierda, cielo despejado (y tú rezando para que el hotel quede a la izquierda). El segundo factor es puramente estético; la fachada de Corfú que se muestra es ocre y armónica y en ella destacan dos fortalezas que inspiran confianza. Nos acercamos al puerto y empezamos a sentir el agua de la lluvia sobre nuestras cabezas, algo que no esperábamos.

Por el mapa Corfú, en pleno Jónico, semeja albana antes que griega. Por la arquitectura, a veces veneciana, en otras ocasiones francesa o inglesa. Esta isla cambió de manos con suma frecuencia. Posiblemente ahí resida la base de su belleza. Hablamos sobre todo de la capital, Corfú o Kerkyra, el resto de la isla quizás sea más convencional. Llama la atención la explotación turística pues sus playas no dan para tanta ebullición; sus carreteras tampoco. A efectos de fondos comunitarios, parece que los griegos hayan primado el continente antes que las islas. Con las nubes acechando, Corfú exige una gestión adecuada de los momentos. No desespere, habrá tiempo para el baño y para la visita turística. A la hora de cenar, siempre la capital, Kerkyra, que ofrece buen ambiente, tiendas, soportales, calles y plazas señoriales, fortalezas… Plazas de aparcamiento, escasas. Otros puntos de interés: el palacio Achilleion construido por deseo de Sisi emperatriz, el Monasterio Pantokrator, el suelo arenisco y los olivos y cipreses que llegan hasta la misma orilla; el Canal d’Amour y algún rincón marinero como Agios Stephanos. En síntesis, tiene Corfú el encanto de la historia, de los olivos y del mar. Es Grecia.

 

Viaje por la Grecia Clásica. El Peloponeso

Continuamos viaje por la Grecia clásica y tomamos hacia el Peloponeso. Hemos de cruzar sobre el Canal de Corinto. Poniéndonos estupendos, diríamos que esa especie de grieta convierte la península en una isla. El canal impresiona, 6 kilómetros de vertiginosa angostura, sobre todo cuando aprendes que fue construido en el siglo XIX. Tiramos carretera hasta Micenas, cuna de una civilización que se comparó con el Egipto de los faraones por su nivel de desarrollo e influencia. Sus manufacturas llegaban a cualquier rincón del Mediterráneo, y a la actual Gran Bretaña, a Escandinavia, a lo que hoy conocemos como Afganistán. Un fuego terminó con todo. Igual que después los griegos, adoraban a los doce dioses de la Antigüedad. Hablamos del 1.500 a.C., esos siglos. Su rey más popular fue Agamenón aunque quizás solo haya reinado en la imaginación de Homero. Las ruinas emocionan por su historia, el tesoro de Atreo o la Puerta de los Leones. Me pregunto de dónde habrían sacado los modelos. También qué técnica habrían utilizado para levantar aquellos muros inmensos.

Alcanzamos Nauplia, Náfplio en griego moderno. Preciosa ciudad de origen veneciano antigua capital del país. Cuesta creerlo transitando por sus bulliciosas y estrechas calles. El casco antiguo se recorre varias veces al día, circules por donde circules, siempre terminas en los mismos sitios. Sus principales referencias son las buganvilias. Y la fortaleza Palamidi en lo alto, casi 1000 escalones la elevan sobre el nivel del mar. Otros bastiones, entre ellos la fortaleza Bourtzi en el medio de las aguas, reflejan su pasado interés estratégico.

Epidauro es una visita obligada desde Nauplia. Teatro construido en el siglo IV a.C., presenta unas cualidades acústicas impresionantes. Basta con colocarse en el punto medio del escenario y recitar o cantar cualquier estrofa. El sonido te envuelve al instante. Epidauro fue en su día “centro del arte de la Medicina y la curación” aunque de tal título no obtuvimos más prueba que unos cuantos útiles quirúrgicos. Si queda tiempo, se puede retornar a Nauplia dando una vuelta para pasar por Porto Jeli, región de moda para sorpresa de los lugareños. Un taxi boat traslada a los turistas avezados hasta la isla de Spetses, escogida por alguna destacable celebrity de raíces monárquicas.

Apuntamos al norte, carretera de montaña hasta Olimpia. Aquí nacieron los Juegos. Cuando se habla de los Juegos, nadie imagina el parchis o las damas, ni siquiera el escondite o el chorizo envenenado. Todos pensamos en deporte, constancia, superación, valores. Pensamos en Olimpia. Aquí se celebraron durante más de 1000 años, desde el 776 a.C. hasta el 380 d.C. cuando los prohibió el emperador romano Teodosio tras abrazar el cristianismo. Al parecer, a Dios no le gustaba el deporte. La “villa olímpica” albergaba, además de un estadio para 45.000 espectadores, un gimnasio, una palestra (a disposición también de oradores), alojamientos, baños turcos y templos dedicados a Zeus y Hera. Se deben visitar los dos museos, complementarios, que aportan una idea tangible y poderosa de lo que aquellos eventos significaban. Por cierto, competían solo hombres libres y debían hacerlo desnudos. Pues eso…

Delfos queda a unos 240 de Archea Olimpia y ya fuera del Peloponeso. Para cruzar “al otro lado”, debemos transitar el impresionante puente que une las localidades de Río y Antirio construido sobre el golfo de Corinto. Nuevo camino de montaña y olivos. Grecia es el principal país por consumo per cápita de aceite de oliva del mundo. Durante kilómetros tenemos la impresión de que no conocen otra especie arbórea o de que temen algún tipo de contagio de su árbol venerado. Llegamos a Delfos, o Delphi, y nuestra impresión queda confirmada. Ante nosotros se extiende la mayor extensión de olivos jamás imaginas. La villa no vale gran cosa pero a medio kilómetro se yergue el Monte Parnasso y las ruinas de la ciudad griega que albergaba el famoso Oráculo. Es un paseo para no girarse. Aprecia los monumentos, los templos, el teatro, el estadio… Gírate únicamente después de llegar a la cima. Entonces entenderás por qué los griegos lo consideraron lugar sagrado.

Y para finalizar, Meteora y Corfú: link al artículo

Link a posts sobre Atenas

Viaje por la Grecia clásica (Atenas 2)

 

Vínculo a la primera parte (Atenas 1)

Los restos que acapara Atenas como la más influyente capital de la Antigüedad no son lo único digno de admirar en la ciudad. Su latido se deja escuchar sobre todo en Monastiraki, plaza donde se juntan turistas y residentes, artistas callejeros y vendedores de géneros diversos. Para comer y cenar, la avenida Adrianou o el barrio típico de Placka. Adriano es el emperador romano con mejor prensa por allí. En esta zona, uno se va encontrando pequeñas iglesias bizantinas que recuerdan la integración de Grecia en el imperio romano oriental. Son oscuras, como cavernas decoradas, con santos y vírgenes por doquier que los fieles besan sucesivamente.

La plaza Syntagma nos recuerda la influencia del idioma y nos vienen a la cabeza, o buscamos, palabras como alergia, democracia, hegemonía, orgasmo, política, heterodoxo, estética, utopía o parábola. Sería un castigo penoso prohibirnos un día utilizar vocablos griegos. En la plaza Syntagma se entabla una lucha sin cuartel entre vehículos y personas que suele acabar en tablas salvo cuando hay manifestaciones; entonces los seres humanos vencen por k.o. Presidiendo encontramos el Parlamento griego, al cual no vendría mal una mano de pintura como diría Serrat. Los dos pobres soldados (¿?) allí colocados semejan pertenecer al gremio de los payasos y demás comediantes. Detrás, el Parque Nacional, frondoso y heterogéneo. Se cruza entero y entonces se llega al Templo de Zeus y al Arco de Adriano, ya referido en el post anterior.

El estadio Panathinaikon, también llamado Kallimarmaro (bello mármol), merece una atención especial. Fui reconstruido sobre el terreno donde se celebraron los Juegos Panathinaicos (de “todo Atenas”), antes de la era Cristiana, y en él se celebraron las primeras Olimpiadas de la modernidad, en 1896. Para asombro de los visitantes, el material utilizado ha sido mármol blanco lo que parece predisponer al recinto para los grandes logros que espera acoger. Uno no debe perderse la visita al modesto Museo Olímpico al cual se llega a través del corredor por el que accedían los contendientes al estadio. Para terminar el tour por la ciudad de Atenas, vale la pena darse una vuelta por Kolonaki, el barrio de la gente más pudiente que ofrece sugestivos cafés y restaurantes. Muy cerca, se toma un funicular para subir al monte Lycabettus, el punto más alto de la ciudad con permiso de la Acrópolis.

Los alrededores de Atenas atesoran lugares de distinto interés. A el Pireo se puede llegar en taxi (ojo a los atascos!), bus o metro. El problema es la dificultad para moverse una vez allí. El Pireo es hoy en día una ciudad moderna, atascada, polucionada, de un tamaño considerable, como corresponde a uno de los principales puertos del Mediterráneo. Tiene diques de mercancías, de yates y pesquero, cada cual con su ambiente por otra parte predecible. Del Pireo salen ferris para visitar tres islas de singular encanto, Poros, Egina e Hidra. Y ya para terminar, a unos 60 kilómetros de Atenas, se encuentra el cabo Sunion donde se erige el Templo de Poseidon. En visita guiada, uno aprende el significado de Egeo y conoce la razón por la cual se bautizó con este nombre al mar que baña aquellas costas.

Continuación por el Peloponeso

Viaje por la Grecia clásica (Atenas I)

Visitamos Grecia con el respeto que debemos a nuestros mayores y con la esperanza de descubrir por aquellas antiguas tierras alguna clave de nuestro presente. Porque a nuestro presente no hay dios que lo entienda. Los griegos actuales no lo ponen fácil, todo hay que decirlo. Tal depósito de claves en su territorio debería sugerirles invertir algo más en señalización. Aun así aprendimos lecciones importantes; por ejemplo, que la colaboración entre rivales salvó la civilización occidental. Era el siglo V antes de Cristo y el poderoso imperio persa se disponía a invadir Atenas. Existía una cultura griega pero no una organización común. Estaban las polis, ciudades estado, cada una a lo suyo y a la gresca entre ellas. Atenas pronto descubrió que la única manera de derrotar a un ejército cien veces superior sería aliarse con otras fuerzas que pudieran tener intereses comunes. La primera, con Esparta. Tras las míticas batallas de Maratón, Salamina y las Termópilas, Atenas  y sus aliados vencieron a los persas y de paso salvaron nuestro presente. Tres hurras por Pericles y los suyos!

Aprendimos también que el cristianismo estuvo a punto de acabar con todo. Tal vez sea leyenda, quién puede identificar la verdad que subyace de los viejos relatos: se cuenta que San Pablo llegó a Atenas para introducir la religión cristiana, se subió al monte Filopappou e intentó convencer a los atenienses. Aquello era el siglo I lógicamente, Grecia ya había pasado por sus mejores momentos y Roma dominaba el cotarro. El politeísmo, bien aderezado de mitología, representaba un divertido y prolijo contubernio de fábulas hoy difíciles de asumir. Aunque, en fin, lo de la Santísima Trinidad, el Ángel de la Guarda, las resurrecciones milagrosas, el verbo hecho carne y las admoniciones de la Virgen María, Inmaculada Concepción, por ejemplo, como que tampoco suena a verdad irrefutable. San Pablo sembró aquella semilla que, al parecer, terminó de germinar unos cuatrocientos años después. El Cristianismo se adoptó como creencia triunfante y a partir de entonces el Universo al completo se explicó a partir de la existencia de un solo Dios Todopoderoso. Al carajo con la ciencias, el arte, la filosofía, por supuesto la mitología, y hasta con las Olimpiadas. Aquello que no procediese directamente de Dios no merecía un lugar entre los hombres, sus hijos devotos. Hasta que llegó el Renacimiento y las ideas de aquella Grecia se recuperaron en parte, y el Hombre volvió a ocupar un espacio propio y así se fueron sucediendo los siglos hasta el día de hoy en que todavía andamos dando vueltas a las sospechosas relaciones entre lo humano y lo divino.

En Atenas hay que visitar la Acrópolis, evidentemente, y su Partenón en el medio. Entre las hordas, el calor y los escalones, la cosa tiene mérito. Significa “parte alta de la ciudad”, de akro –cima– y polis –ciudad–. El Partenón es el Templo erigido en honor de la diosa Atenea que, al fin y al cabo, fue quien dio nombre a la capital. También está el Templo del Erecteon donde se encuentran las Cariátides, o sea, unas copias fidedignas. Las genuinas descansan en el Museo de la Acrópolis que está como a un kilómetro de distancia y cuya visita no se puede perder. Otro Museo que de ninguna forma se debe obviar, sería un horrible crimen turístico, es el Arqueológico, que ofrece un recorrido asombroso por 2000 años de una rica Historia que comienza por las civilizaciones cicládicas y micénicas, precedentes de la griega (más la minoica procedente de Creta). La exposición avanza a paso lento mostrando piezas de un mérito incalculable. Me quedo con los figurines cicládicos y con la maravillosa escultura de bronce de caballo y joven jinete datada en el siglo II a.C.

Hay que recorrer también el Ágora, antigua plaza del Mercado en donde se cocía todo lo importante. Hay además un Ágora romana con la bellísima Torre de los Vientos que muestra un friso con los ocho dioses, uno por orientación. Está el primer teatro jamás construido, dedicado a Dionisos, y una Biblioteca también Iglesia, y el Templo de Zeus, y el arco de Adriano y mil y una ruinas más que consiguen trasladarte a aquella otra Grecia gloriosa.

En Atenas aprendimos algo sobre la Historia más reciente de este país que no deja de resultar paradójico. Los turcos otomanos dominaron Grecia desde el siglo XV aunque los helenos mantuvieron durante más de 300 años encendida la llama de su identidad nacional. En 1820 se dieron las condiciones propicias para una revuelta, se sucedieron unos años realmente turbulentos hasta que en 1830 el país alcanzó la independencia. Y entonces fue cómo la nación que alumbrara el concepto de República, se convierte en una monarquía por decisión de… potencias extranjeras. Su primer rey es Otón de Wittelsbach, príncipe de Baviera, de 17 años, que gobierna por medio de un Consejo formado por funcionarios bávaros. Depuesto en 1862, Inglaterra consiguió que Jorge I, hijo del monarca de Dinamarca y cuñado del príncipe de Gales, accediese al trono. A este hombre lo asesinaron en 1913 sucediéndole su primogénito Constantino, quien hubo de salir corriendo del país en 1922 tras dos abdicaciones y una sangrante derrota contra los turcos.  En 1924 se proclama la República que dura bien poco: en 1935, se restituye la monarquía a través de un golpe de Estado militar; el nuevo rey Jorge II asume la dictadura y el general fascista Metaxas se convierte en el hombre fuerte del país, hasta que en 1941 el dictador la palma, los nazis invaden el país y el monarca se exilia en Egipto. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Grecia se sume en un período de continua inestabilidad, Guerra Civil incluida, cuyo rebufo ha llegado hasta nuestros días.

Y aquí concluye la primera parte de esta crónica inesperadamente larga que aún verá posteriores prolongaciones…

Link a segunda parte (Atenas 2) 

Gdansk, Breslavia, Cracovia

134-gdansk-solidaridadDejamos Varsovia y tiramos hacia el norte, Gdansk a la espera. Calculamos, o más bien estimamos, la edad de Lech Walesa. Decidimos que unos 70 años y al llegar al hotel ni siquiera abrimos la wikipedia para comprobarlo. De Gdansk nos llamaban Solidaridad y los astilleros. Descubrimos mucho más…

Descubrimos una ciudad de ladrillo, de ámbar y de graneros, una urbe empeñada en dejar huella histórica. Fue hanseática en la Edad Media, ciudad libre o autónoma en varias épocas, el 1 de setiembre de 1939 empezó Hitler allí mismo la Segunda Guerra Mundial, en 1945 la arrasaron los rusos, en 1981 el sindicato Solidaridad comenzó, posiblemente sin ser demasiado conscientes, la liberación de los países del llamado Telón de Acero…
79-gdanskLo primero a destacar, vivamente, es el grandioso trabajo de reconstrucción de la ciudad, que hoy se pasea con la sensación de circular entre edificios originales del medievo. La Vía Real, de la Puerta Alta a la Puerta Verde cruzando el Mercado Largo, y su continuidad en ángulo recto por el Muelle (también) Largo que sigue el cauce del Motlawa, es una ruta que quedará gravada en la memoria por siempre jamás. La Ciudad Vieja aledaña merece un reconocimiento similar. En los alrededores de Gdansk, convendría dar una vuelta por Oliwa para admirar su espigada catedral, un lugar donde refrendar la sentida y vasta religiosidad del pueblo polaco. A dos pasos, el pueblo balneario de Sopot: sobre la pasarela que forma su malecón, uno puede adentrarse en el mar Báltico. Enfrente, el Gran Hotel donde se alojó Hitler mientras sus soldados violaban la soberanía de este sufriente país.

165-breslavia-universidadSiguiente etapa: Breslavia, Wroclaw en idioma local. Por el camino, hemos de renunciar a ciudades que exigirían una parada como Torun o Poznan; ya se sabe, la maldición del turista obligado a elegir. Breslavia constituyó la sorpresa del viaje. En ella conviven 160.000 universitarios, más de 400 duendes de bronce, 110 puentes (sobre el río Oder), una docena de islas y la memoria de los 22.000 prisioneros asesinados por los rusos en 1940 en la cercana Katyn. En la ciudad se alternan el agua y el suelo con igual armonía que los edificios históricos y las construcciones soviéticas. El Rynek, la ciudad vieja de Wroclaw, presenta una disposición urbanística única. No muy lejos de la ciudad, visita obligada, de las que se convierten en recuerdo imborrable, a las Iglesias de la Paz en Swidnica y Jawor.

255-cracovia-mina-de-sal-de-wielizkaY por fin Cracovia, la ciudad “afortunada” que se libró de ser arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. En ella los nazis instalaron una sede de su gobierno en Polonia, ahí queda la explicación. Pero le atizaron duro igualmente. Las historias tétricas asociadas al gueto de Cracovia paralizan el corazón. Pocos se salvaron, algunos de ellos, Roman Polanski, Helena Rubinstein, consiguieron grandes logros tras sobrevivir a aquel infierno.  Centro neurálgico en la Gran Plaza del Mercado desde donde se expanden distintas rutas posibles, todas ellas poseedoras de múltiples encantos. Alguna de las vías conducirá a la espléndida Colina Wawel donde se ubican la Catedral y el Castillo Real. Cracovia provoca una quizás esperada seducción la cual se convierte en hechizo cuando se visitan las minas de sal de Wieliczka: el interminable descenso a la Capilla subterránea de Santa Kinga (en la foto) será una de esas experiencias que jamás habrás imaginado vivir.

Cerramos el círculo regresando a Varsovia. Si quieres saber como enfocar la visita a la capital de Polonia, aquí te dejo el link sobre nuestra estancia: Polonia capital Varsovia. Fin del camino.

Polonia capital Varsovia

cactusUn blog personal es como un cactus: aunque no lo riegues, se mantiene tan campante sin muestra alguna de deterioro. De repente, el dueño se percata y decide echarle un poco de agua. Hoy es el día en que volvemos a regar este blog intermitente. Lo hacemos con Polonia, adónde viajamos hace algo más de un mes.

Polonia, país que se llama acordeón por sus continuos aumentos y reducciones de tamaño a lo largo de la Historia, nace como Estado en el siglo X. Promulgó en el XVIII la segunda Constitución del mundo, que les duró tan solo cuatro años. Austria, Prusia y Rusia se la repartieron y la borraron del mapa durante 123 años. En el siglo XVII, había sido arrasada por los suecos. En el siglo XIX, lo es también por los rusos. Polonia recupera la independencia al final de la Primera Guerra Mundial. Le dura esta vez 20 años. El uno de setiembre de 1939 son invadidos por los nazis; unos días más tarde, por los rusos a quienes hasta ese momento Polonia consideraba aliados. La invasión doble había sido acordada por las dos grandes potencias en el Pacto Ribbentrop-Molotov.

29-varsovia-barrio-de-pragaDurante la Segunda Guerra Mundial, seis millones de polacos fueron asesinados por los soldados de Hitler, tres millones judíos, otros tantos cristianos. Un ejemplo concreto de aquella bestialidad, los 200.000 polacos ejecutados tras la sublevación del gueto judío de Varsovia. La guerra se acercaba a su fin, de ahí que todavía hoy se mantenga el debate nacional: ¿fue aquella rebelión un acto de heroísmo o una trágica estupidez? Hay sólidos argumentos en ambos lados de la posible respuesta. Terminó la guerra, Polonia sufrió un nuevo ajuste territorial y se condenó a una existencia bajo el yugo de la Unión Soviética. Así fue hasta diciembre de 1990 cuando Lech Walesa es nombrado presidente de la República tras una hermosa revolución. 45-varsovia-stare-miasto

Viene a cuento este breve resumen histórico porque aun hoy que Polonia se ha convertido en un país desarrollado e integrado en la Unión Europea, esta historia sigue viva y cualquier visitante la siente y la palpa. Es como el latido de una identidad en riesgo permanente de desaparición. Y bueno, el 28 de setiembre llegamos a Varsovia. Nos alojamos en un hotel cerca del Parque Lazienki, que bien merece un largo paseo de reconocimiento. Estábamos a cuatro o cinco kilómetros de la Ciudad Vieja, reconstruida ladrillo a ladrillo, un emplazamiento que agradecimos. Cada día caminábamos por distintas rutas y de este modo conseguimos conocer una capital que es mucho más que su Stare Miasto. Recomendable, por ejemplo, la llamada Vía Real, y el Palacio de la Ciencia y la Cultura, el Museo de Chopin, el barrio obrero de Praga, todavía en transición desde la época del Telón de Acero, también la casa natal de Marie Salomea Skłodowska, conocida popularmente como Madame Curie.

Despois de publicar o post, atopo un papeliño cunhas notas que tomei nalgún momento da estadía en Varsovia:

Varsovia, cidade de espazos abertos que o ceo tenta pechar cun manto de nubes. Varsovia a cidade dos parques inmensos e fermosos, das avenidas amplas, da coraxe dun pobo que se empeñou na súa supervivencia. Velaí a Cidade Vella, vienesa, imperial dun imperio que nunca existiu. Eis Praga, o barrio obreiro que aínda vive a transición. Entre Varsovia centro e Praga, o Vístula que non achega virtuosismo á cidade como outros ríos de Centroeuropa; segue fluíndo máis ben como vestixio dunha historia treboenta que quere ao final acougar no seo de Europa.

Sigue la ruta por Gdansk, Breslavia y Cracovia

Córdoba, Mendoza, Salta (y III)

198 PurmamarcaSalta la Linda, así la conocen, por sus viviendas coloniales de una planta, por la simetría de su trazado urbano, por la solemne belleza de la plaza 9 de Julio –imponente Catedral– y seguramente por la festiva cordialidad de sus habitantes. Salta será posiblemente la Argentina más indígena. Se nota en la raza que prevalece y en el acento que vibra en los tímpanos del visitante. Desde el Cerro San Bernardo, además de disfrutar de una vista privilegiada de la ciudad, uno puede adivinar los altiplanos bolivianos. Y en aquella dirección nos preparamos a partir.

151 Valles CalchaquíesLos alrededores de Salta, en un amplio radio, dejarán en el viajero una huella que solo el devenir de la Naturaleza podrá borrar algún día. Nos organizamos en tres jornadas. La meta de la primera habría de ser el pueblo colonial de Cachi, sus casas alineadas a 2.200 metros de altura. La ruta transcurre por los imponentes Valles Calchaquíes cuyo paisaje varía de fisonomía con sorprendente frecuencia. Avanzamos por la Quebrada de Escoipe, abordamos una carretera sinuosa que nos lleva a observar las nubes desde una posición de superioridad para descender a continuación por la sinuosa Cuesta del Obispo.

179 Parque Los CardonesLlegamos al Parque Nacional de los Cardones. Son éstos una especie de cactus gigantes paradigma de supervivencia en condiciones extremas, aunque no tanto: a partir de los 3.500 metros desaparecen. La madera hueca del cardón se utiliza para todo, desde techos de edificios nobles hasta confesionarios o piezas de artesanía.

Antes de pasar a la segunda jornada, deberíamos explicar lo que se entiende por “Quebrada”: viene siendo un paso entre montañas siguiendo el curso de un río, éste normalmente seco excepto en temporada de lluvias, que por estos lares coincide en verano, entre noviembre y marzo. Las quebradas facilitaron el tráfico de personas y mercancías, elementos clave para la configuración histórica de estas tierras. El pueblo inca podría atestiguarlo.

191 PurmamarcaNos adentramos al día siguiente en la provincia de Jujuy para reconocer la ruta de la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad. Nos detenemos en Purmamarca para apreciar de cerca el Cerro de los Siete Colores y para pasear alrededor de su mercado pleno de cromatismo y buenas ofertas. Seguimos para Pucará de Tilcara, un poblado omoguaca del siglo X dispuesto en fortaleza que fue reconstruido en los años sesenta con escaso acierto. Avanzamos hasta Humahuaca, el punto más alejado de la ruta, nuevo pueblo colonial que alberga el Monumento al Indio, más conocido como Monumento a los Héroes de la Independencia. En el camino de vuelta, paramos en Uquía para conocer su interesante iglesia que acoge nueve cuadros –arcángeles arcabuceros– de la escuela cuzqueña. La última parada del día tendrá lugar en Maimará, donde se aprecia el cementerio local integrado en el paisaje y la ladera policromada conocida como Paleta del Pintor.

250 La PunaLa agotadora excursión de Humahuaca precede a la no menos exigente expedición hasta la Puna y las Salinas Grandes. La Puna es un altiplano, es decir, una planicie que se extiende a unos 3.500-4.000 metros de altitud, y que aloja las comunidades de alta montaña. La región de La Puna es rica en oro, plata, cobre, bórax o litio, minerales explotados por grandes multinacionales y que apenas dejan algún beneficio entre los habitantes indígenas. Las alturas de La Puna están pobladas abundantemente por llamas, guanacos o vicuñas, que proveen de lana, carne y leche, además de servir como animales de carga.

263 Salinas grandesEn la ruta, paramos en El Alfarcito, lugar donde se erigió un colegio con residencia para los estudiantes, una iglesia y un pequeño museo que honra la memoria del Padre Chifri –el cura que misionaba en parapente–, una de esas personalidades capaces de demostrar que la voluntad de un solo hombre es capaz de aliviar la vida tantas veces miserable de sus semejantes. Continuamos la llamada ruta del Tren de las Nubes hasta llegar a San Antonio de Cobres, el pueblo más importante de la Puna. Unos kilómetros más allá, parada obligatoria en las Salinas Grandes, inmensa llanura formada por sal procedente de erupciones volcánicas. Se diferencia de la sal marina en la falta de yodo.

Para sedimentar lo vivido durante estos días, conviene rendir visita al Museo de Alta Montaña en Salta, que explica y describe la historia de unos pueblos cuya vida poco se parece a la habitual conocida en el mundo desarrollado…

@pallarego

 

Córdoba, Mendoza, Salta (II)

Aerolíneas Argentinas nos traslada de Córdoba a Mendoza, temprano por la mañana. El aeropuerto mendocino se encuentra en plena refriega; próximamente lo cerrarán durante tres meses para terminar su total remozamiento, que se nos antoja necesario. Mendoza semeja una ciudad bosque, no hay calle o avenida despojada de su disciplinada fila de fresnos, plataneras o acacias. Al parecer, se cuentan más de 45.000 en esta localidad de 200.000 habitantes.

138 MendozaMendoza está radicada en zona sísmica. Los terremotos son frecuentes, algunos de gravedad extrema como los sufridos en 1861 o en 1944, ambos causantes de miles de muertos. Por causa de los sismos, la ciudad apenas conserva edificios señoriales como no sean el Banco Hipotecario Nacional o el Banco de Mendoza. De ahí la trascendencia aún mayor del omnipresente arbolado: los árboles son su monumento. También es reseñable el sistema de acequias que se extiende a lo largo de la mayoría de calles de la capital, posiblemente único en el mundo. La disposición de su plano resulta asimismo interesante, con la Plaza de la Independencia como ancla central y otras cuatro plazas –Sanmartín, Chile, Italia, España– a partir de las cuales se despliegan calles y avenidas en perfecta alineación.

95 MendozaMendoza es reconocida como una de las más importantes regiones vitivinícolas del mundo; el vino Malbec es su buque insignia. Se cuenta que hasta 1.000 bodegas se localizan en la provincia; es también tierra de olivos. En las cercanías de la ciudad, se encuentran las zonas productoras del Valle de Uco, Luján de Cuyo y Maipú. Dentro de esta última, visitamos la Bodega López, a la que se llega en un trenecito urbano moderno, la Trapiche, de carácter histórico y que cuenta con un sugestivo museo de aparataje antiguo, y la Finca Agostino, que podríamos catalogar como “de vanguardia”. Abierta hace tan solo once años, su corta pero intensa trayectoria vale la pena ser conocida.  Aprendemos los sistema de cultivo “pérgola” y “espaldera”, conocemos un eficaz medio anti granizo por medio de un cañón militar lanzador de misiles, y degustamos un delicioso menú que nos permite catar cinco vinos distintos, cada cual más exquisito que el anterior. Experiencia para recordar.

108 Ruta AndesAl día siguiente, salimos temprano a conocer las tres formaciones de la Cordillera andina: la pre-cordillera (hasta 3.000 mts.), la frontal (de 3.000 a 5.000) y los Andes propiamente dichos (a partir de los 5.000 mts.). Desde un punto de la ruta, se divisa el Aconcagua, ya en Chile, la cima del continente situada a 6.960 metros. Cruzamos el valle de Uspallata siguiendo el cauce del río Mendoza, corriente de escaso caudal al ser alimentado por la lluvia que cae exclusivamente en verano; el deshielo apenas provee de recursos a los ríos del noroeste.

120 Puente del IncaEl lugar estelar es el llamado Puente del Inca, Patrimonio de la Humanidad. Una peculiar formación geológica, sobre base de azufre, convierte este punto de la ruta en un paraje insólito lleno de color y contrastes. Seguimos camino hacia la frontera con Chile, que no cruzaremos. Nos detendremos en otro espacio singular, el poblado de Las Cuevas, última población argentina.

@pallarego               Tercera parte del viaje