Archivos en la categoría Viaxar / Viajar

Una semana en Normandía

252 Dieppe

Bretaña e Normandía cítanse unha despois da outra o cal non ten sentido inda que o pareza. A historia, a paisaxe, a arquitectura e ata a gastronomía demostran que han ser dous países, ou rexións, ou territorios, con personalidades propias e diferenciadas.

Para repasar a viaxe pola Bretaña, velaquí quedan as dúas reportaxes dedicadas:

Bretaña centro y oesteBretaña este (más / menos).

Bien, y ahora a por Normandía. Decimos “una semana en” porque menos se quedaría algo corto. Hai moito que ver e interiorizar. Nós comezamos onde comeza todo ser viaxeiro que se lance a explorar este recuncho: no Mont Saint Michel. Pódese principiar por calquera outro lugar pero este, amigo, este ten a dimensión que ha marcar o camiño. St Michel é unha das visitas a gravar na memoria para sempre.

Sabido es que este monasterio se encuentra situado en un lugar posiblemente único, una especie de promontorio que con marea baja se aisla del resto del planeta. O eso pretendía hasta que le construimos un puente que lo conecta con tierra firme. Pocas veces este adjetivo, firme, adquiere tan pleno significado. Si la ubicación ya es la pera, la construcción del edificio Maravilla no se queda atrás. Sus contrafuertes impresionan desde el exterior y la exquisitez de sus salas y habitáculos sobrecogen en el interior. Por non deixar a imaxe arquetípica desde a ponte, velaquí vai estoutra, non tan típica, do claustro no interior. O claustro, por certo, telita tamén, esa lixeireza alá arriba…

150 St MichelCon St Michel ocurre lo que sucede con alguno de esos conferenciantes estrella después de los cuales el siguiente ponente no sabe ni cómo actuar. Los asistentes mantienen en su mente la intervención anterior por mucho empeño que ponga el nuevo orador. Tras Saint Michel tiramos para Granville, que como villa marinera no está mal pero como “maravilla universal” deja bastante que desear. Suerte que cuenta con la Casa Museo de Christian Dior y entonces, al cambiar de tercio, recuperas el interés. Este sastre era desconocido antes de su primer desfile con el cual cambió el mundo de la moda overnight (sorry por el anglicismo pero quedaba superior como cierre de la frase…).

Máis: Coutance, sí tiene una catedral y unas calles chulas, y música ambiente en algunas zonas (compadezco a los vecinos) pero tampoco da para gran cosa. Tiramos para el norte un buen trecho, hasta Le Nez de Jobourg, uno de esos parajes dignos de la condición popular “el culo del mundo” y que tampoco te va a sorprender si has conocido otros paisajes de litoral. Continúas hacia Cherbourg, o sea, la ciudad de Cher supongo, para apreciar su fachada marítima y el submarino no se cuántos. Seguimos hacia el este hasta Barfleur, este sí, auténtico pueblo marinero, con reminiscencias vikingas, además. Un poquillo más al sur, Saint Vaast la Hougue, en una línea similar aunque con mayor desarrollo, es decir, la presencia de embarcaciones de recreo se impone sobre las pesqueras. A continuación Bayeaux, villa bonita, impresionante catedral, y un tapiz que es un tesoro y Patrimonio de la Humanidad también. Por cierto, muy bien expuesto.

Otro plato fuerte, los sitios del D-Day, 6 de Junio de 1944. Has de visitar los cementerios USA, en la foto, y alemán al menos, la playa de Omaha, las zonas de baterías, esos acantilados que los aliados se empeñaron en escalar, y el museo instalado en el cementerio norteamericano que te da una idea fiel de lo que aquello significó. En mi modesta opinión, además de un despliegue extraordinario en muchos sentidos, un sangriento error.

169 D-DayDejando atrás tantísima muerte inútil (los nazis habrían sido vencidos sin esa carnicería), nos adentramos una jornada al interior. En Caen, donde está enterrado Guillermo I el Conquistador, apodo bien merecido: él venció a las tropas de Inglaterra y se hizo con aquel reino. El hombre se casó con una prima y para congraciarse con la Iglesia contrariada, su Santa Madre, pues dispuso que en Caen se construyesen dos abadías, la Abadía de los Hombres y la Abadía, en efecto, de las Mujeres; todos contentos.

Hacia el sur, nos decepciona Argentan, la supuesta ciudad del encaje, solo presente en un museo dedicado al asunto que, por cierto, cierra los lunes, viaje en balde. De vuelta hacia el norte, parada en Lisieux, ciudad bombardeada por aquellos aliados libertadores que se cargaron más de una villa francesa. Conserva una catedral. La Iglesia demostró en Lisieux su condición de mejor agencia de marketing de la Historia y construyó, en plenos años treinta, los de la miseria y depresión, una Basílica de moito nabo dedicada a Santa Teresita del Niño Jesús. A pesar de nombre tan poco serio, la tal monjita adquirió un bo feixe de seguidores, sin necesidad de redes sociales, y ahora la basílica es un centro más de peregrinaje religioso. Buena inversión a fin de cuentas. Véase:

IMG-20151019-WA0012 IMG-20151019-WA0013De vuelta a la costa, nuestro entorno natural, parada y fonda en Cabourg. Playa chula, paseo guai dedicado a Marcel Proust, mansiones opulentas y una rúa comercial que conecta sus dos plazas principales. Para opulencia Deauville, y para paseo, y para playa y para signos externos de poderío. Les mola la cosa cinematográfica y organizan el Festival anual de Cine… estadounidense. Nos gustaría saber lo que opina el cine francés sobre tan yanqui festival.

Honfleur queda a tiro de piedra de Deauville y resulta una sorpresa mayúscula. Es uno de esos sitios favorecidos por el destino en el que confluyen geografía, historia, arquitectura y, posiblemente, también la arqueología. La vista de su puerto es gloriosa pero su trazado medieval supera las expectativas del viajero más escrupuloso. Moito Honfleur! No sé si colocar otra foto… Que no se diga.

204 Honfleur

De Honfleur a Le Havre casi se puede hacer a pie. Le Havre es Patrimonio de la Humanidad, lo cual parece una coña constatada su impersonal fealdad. Al parecer, un arquitecto famoso en el mundo entero dirigió su reconstrucción tras otro bonito bombardeo liquidativo y eran los tiempos del hormigón y yo qué sé. Bastante estupefactos continuamos dibujando la costa normanda para admirar sus impresionantes acantilados blancos. Los de Etrétat suponen una experiencia y, en día ventoso, un desafío. Hay también vistas fantásticas en Fécamp y Dieppe; esta última ciudad y sus alrededores bien valen una parada demorada. La fotografía de acantilados, en este caso Etrétat, resulta inexcusable.

233 EtretatRouen es la capital de Normandía y una ciudad bandera, magnífica. Me cuesta contar la cantidad de catedrales que habré visto en mi vida. Pues bien, Rouen es de las importantes, por fuera, un edificio gótico que concilia esplendor y filigrana, y por dentro, cuatro niveles difíciles de remontar con la mirada. La ciudad cuenta con otras tres iglesias góticas que en lugares menos monumentales valdrían al menos para colegiatas. En Rouen quemaron a la pobre Juana de Arco, con diecinueve añitos. La joven heroína, después incluso santa, está muy presente, sobre todo en una plaza exuberante en medio de la cual han erigido una iglesia de arquitectura moderna, algo polémica, que a mí me sorprendió. El resto de la ciudad antigua, amplia y diversa, se ha conservado maravillosamente. Para muestra, un botón:

265 RouenVamos terminando. Hacia París, un par de pueblos chulos, Lyons la Forêt y Les Andelys, y una guinda reservada con mimo para el final: Giverny y la Casa y jardines de Monet. Los jardines son en sí mismos un museo impresionista al natural. Paseas por ellos y entiendes las claves de aquel período de enorme creatividad. Fíjate en la imagen; qué es: pintura o real?

316 Giverny Casa Monet

 

Por Bretaña adelante II

Houbo un Por Bretaña adiante I, este, por se o queres consultar antes de ler Por Bretaña adelante II. Por certo, a foto que ves resulta ser en Rennes, a capital bretona.

103 Rennes

Habíamos terminado la primera parte del viaje en la península de Morlaix, concretamente en la ciudad de Treguier si no recuerdo mal. La segunda parte la iniciaremos en Vitré, que no queda tan cerca pero ya iremos reconduciendo la ruta. Vitré ten un castelo interesante no alto da cidade que condiciona en boa parte o seu trazado. O máis destacado porén resultan as casas medievais con entramado de madeira que configuran algunha rúa verdadeiramente suxestiva. (Mi intención era escribir este artículo en castellano, por la cosa de la difusión, pero se me coló el comienzo en gallego. Creo que se entenderá sin problema así que paso de corregirlo). Continúo:

Tras Vitré, continuamos plácidamente hacia Fougéres, otra villa medieval, esta más maciza, el granito omnipresente aunque también se intercalan las típicas viviendas con entramado de madera. En contra de lo habitual, el castillo se encuentra en la parte baja del pueblo con lo cual se pueden obtener insólitas vistas desde un jardín muy chulo, en una colina, de cuyo nombre no me acuerdo. Tampoco me voy a molestar en buscarlo, no creo que sea fundamental…

Bien, y llegamos a Rennes, capital de Bretaña y un caos desde el punto de vista turístico. Ni una señal en su sitio, cero información, casi imposible encontrar su oficina de turismo, etc. No está mal pero tampoco tiramos cohetes desde la plaza de la catedral. Sede del antiguo parlamento de Bretaña, hoy palacio de justicia o similar.

Dejamos la capital para tirar hacia la costa y antes de llegar a ella, en una especie de incursión clandestina del mar en tierra, casi una profanación, nos vamos a encontrar con un lugar idílico, más próximo a la irrealidad que a lo veraz. Es Dinan. Si quieres vivir el medievo, cruza su puente, sube la cuesta de Jerzual y piérdete por las calles de Dinan.

106 Dinan

No lejos tienes Dinard, nada que ver. Se trata de una villa costera donde se emplazaron gentes de la aristocracia emperrados en mostrar su superioridad de clase construyendo palacetes en los puntos altos de la ciudad. Realiza uno de sus paseos litorales, necesariamente a pie, observa aquellas mansiones y escucha el chiar de las gaviotas. Entenderás lo que le ocurrió a Hitchcock y te entrarán ganas de grabar Los pájaros segunda parte.

Ahora te vas a dirigir al este para llegar a Saint Malo, la ciudad de los corsarios. ¿Sabes de dónde sale el nombre de ese “santo Malo”? Pues del monje galés Mac Low que se estableció en el lugar en el siglo VI. Por una vez, no parece mala idea pillar el trenecito turístico que recorre la villa intramuros, algo repetitiva para caminar. Más interesante está recorrer el perímetro de la muralla e incluso disfrutar la vista desde el muelle. Un dato: Saint Malo fue destruida casi por completo durante la Segunda Guerra Mundial por el empeño aliado de liberar Francia de los nazis a bombazo limpio. ¿Qué hicieron sus habitantes? Pues reconstruirla, manda güev.

Terminamos esta segunda y última parte de la excursión por la Bretaña en Cancale, bonito puerto pesquero famoso por sus ostras. Las clasifican del 1 al 5 en función del tamaño y juro que las del 5 meten miedo. Cuando se fuga la marea, permite el desembarco de las ostras en vehículos anfibios muy curiosos. Y ojo con el fango que se forma en las amplias orillas: no serías el primero al que tuvieran que rescatar los servicios de auxilio.

Deica aí chegamos. Continuamos viaxe cara a Normandía pero diso, amig@s, falaremos outro día… ;-)

 

Ruta por los castillos del Loira

Aviso que pecho o blog, e volvo avisar, de feito, péchoo peeeeero… volvo abrilo cando me peta. Este é outro momento no que me peta así que velaí vai a crónica dunha excursión ao longo do Loira e os seus castelos.

Que son como ochocientos, no tantos, de los que visitamos siete u ocho, e chegou. Comenzamos por Orleans, beautiful, catedral bellísima. Aunque tiene su castillo, como cada localidad francesa que se precie, pasamos de él y tiramos para Chambord. Empezó siendo un refugio de caza de Francisco I, un rey del XVI de parecido notable con la imagen que se transmite de Enrique VIII, el inglés de las seis esposas a alguna de las cuales decapitó. Véase la serie Tudor para los detalles. Pues resulta que Chambord, a lo tonto, se convirtió en el mayor chateau del Loira. Es renacentista, con influencias italianas, y cuenta con unas cuantas hectáreas de bosque poblado de su fauna y su flora, naturalmente. Vale la pena apurarse para llegar antes de las 16.30 y poder darse un paseíto por el tejado.

Siguiente parada: Blois, muy guai, tanto por la construcción que refleja el paso de las distintas épocas históricas como por su enclave en una ciudad atractiva por sí misma. Pasamos por Chaumont sin hacer demasiado caso a su castillo al ver que nos querían requisar 17 € por entrar y sabiendo que a continuación nos esperaba Chenonceau, en la foto. Curiosamente, el río que transcurre por sus arcadas no es el Loira sino el Cher, éste presumiblemente muy querido, jeje. No estoy seguro si Amboise fue antes o después de Chenonceau. En cualquier caso, parada justificada por varios motivos, entre ellos el pueblo entretenido y medieval de Amboise itself y Leonardo da Vinci que allí reposa sorpresiva y modestamente. Completando este trébol de cuatro hojas, aquí llega Villandry, propiedad de un descendiente de emigrante español, castillo que puede alardear de tener uno de los jardines más peculiares y bien cuidados del mundo, que no los he visto todos pero así me lo parece anyway.

Chinon, la ciudad de Rabelais, el de Gargantúa y Pantagruel, tiene un castillo defensivo en lo alto pero nosotros preferimos mirar para abajo y reconocer los rincones de esa villa tranquila, con su paseo fluvial y tal, y muy acogedora. La ubicación del castillo de Azay le Rideau, a modo de islote en pequeño lago, es lo mejor de este edificio, sobre todo considerando que se encuentra en obras. Camino de Angers, paramos en Saumur, ciudad casi desconocida para el turista medio pero con indudables atractivos, entre ellos su castillo. Es popular esta región sin embargo por la cultura troglodita que conserva. Vale la pena visitar la aldea precisamente troglodita de Rochemenier, habitada hasta 1920, o el museo cavernícola del champiñón, fascinante aunque cueste creerlo. Y terminamos en Angers, castillo fortaleza impresionante que alberga un auténtico tesoro: el Tapiz del Apocalipsis realizado a finales del siglo XIV a lo largo de 140 astonishing metros.

Esta foi xa que logo a viaxe entre Orleáns e Angers. Nós tocamos os castelos que aquí figuran pero haber, hai aínda moitos máis…

Por Bretaña adiante I

Como anunciara nun post anterior, pensaba retomar o blog con enerxía pero non vai poder ser. A plataforma non funciona como debería así que terminarei por abandonalo de xeito definitivo. Ou irei publicando posts sen disciplina nin especial esixencia. Xa verei…

20150605_114602

Ben, imos con Bretaña logo. O primeiro, terra celta, coma Cornwall, Irlanda, Gales, como Galicia! Tamén foi reino independente, de feito unha chea de séculos, tamén idioma propio inda que en situación crítica, tamén terra atlántica, o mar, as enormes mareas, o vento do nordés, ese clima húmido e fresco; e a terra fértil, a paisaxe inmaculada, marabillosa (que envexa!), o marisco, a pedra, a lousa, as cruces, os cantís, as praias abertas, un Finisterrae, e as filloas que alí chaman crépes (ou galletes, as de trigo); e os druídas por se faltaba algo para o irmamento completo.

Entramos por Rochefort en Terre, pequena vila recoñecida polo coidado dos seus servizos turísticos, polo seu patrimonio arquitectónico popular e polo seu respecto polo medio natural. Na súas casas, tellados de lousa e paredes de pedra.

Non lonxe, Vannes, máis casas medievais agora nunha urbe máis desenvolvida: prazas, recantos, un peirao longo e unha Catedral. O seu patrón: San Vicente Ferrer, que aló foi morrer. A 40 quilómetros, Josselin, vila marabilla. O paseo pola beira do río ficará grabado na túa memoria, e o seu trazado de rúas e praciñas, e mailo seu castelo de película.

FullSizeRender[3]

Camiño a Carnac e as súas aliñacións de menhires. A península do Quiberon, a Côte Savage, algo así como a nosa Costa da Morte pero máis agreste quizais. E a ría de Etel e algunha viliña mariñeira ben fotoxénica, como St. Cado. En Erdiven, novos menhires, máis altos, a ámbalas beiras dunha estrada.

Tiramos para Port Louis, coa súa ciudadela e un foso que se cubre de auga so coa marea chea. Doëlan, nova aldea mariñeira, os seus dous faros, as dúas beiras xunguidas por un minúsculo carreiro. Para facer noite pola zona, Manoir de Kerdévot, o reinado do detalle e o gusto exquisito.

la foto 1 (8)

Carnedeau, a súa Ville Close, fortaleza hoxe nada máis ca comercial, ademais do seu museo de pesca interesante. Segue conducindo pola fachada marítima antes de dar a volta en dirección a Quimper, bonitas rúas medievais, catedral ao fondo e no medio a primeira, iso din eles, patisserie de macarrons. Locronan lembrarache Rochefort en Terre e non esquecerás a súa praza e a súa igrexa coa torre no estilo bretón imperante na rexión. Teñen unha librería celta!

Tiramos entón para Playben a coñecer o seu extraordinario calvario. Por aquí son moito de explicar a cousa da Paixón a través de monumentais representacións en pedra. En Le Falou chamounos a atención os tellados que se converten en fachada a modo de flocos de lousa.

De volta á costa, Camaret sur Mer, outra vila pesqueira con preciosa fachada marítima e unha torre vixía máis capela no medio do mar, un lugar onde te asolaga unha imparable sensación de fin do mundo. Non lonxe está Le Point de St. Mathieu, outro recuncho máxico onde o faro e a abadía semellan parte dun mesmo conxunto.

En ningún sitio como na aldea celta de Meneham para entender a comuñón entre pedra e lar. Na mesma costa eríxese Rocoff, a subliñar a súa igrexa mariñeira, o teito con forma de casco dun buque. Preto, Saint Pol de León, pequena vila monumental, o gran triunfo da pedra, e ollo que tamén ten Catedral.

20150607_134120

Estamos na península de Morlaix. A vila que lle dá nome é case cidade, presidida por un viaduto medieval. Bonita estampa dende a ponte: casas históricas, rúas ancestrais, o seu peirao. Continuando pola beira esquerda, chegamos a Locquérole, outro pequeno recuncho pesqueiro. Dende a punta de Pen-al-Lann, has divisar unha xeira de illotes, algún con faro e castelo. Aínda na baía de Morlaix, velaí Carantec e o seu paso a pé ata a Ile Callot. Na beira dereita non podes perder Cairn de Barnenez, monumento fúnebre megalítico.

Haberás percorrer case cen quilómetros para chegar á costa rosada. En Plouigueau visitarás unha vila bretona; en Ploumanac, o faro impoñente; en Plougrescant, illotes escarpados. E sairás para Troguier, a cidade de St Ives, outrosí medieval, vibrante Catedral. Ata aquí chega a ruta 1 pola Bretaña. Dedícalle unha semana polo menos. Nunha fase 2, completaremos o percorrido por esta terra fraternal.

 

Viajamos al País Vasco Francés

Hondarribia

La última parada antes de cruzar la frontera bien podría ser Usategieta, en el municipio de Oiartzun, un hotel restaurante en un entorno natural privilegiado. Usategieta que, si recordamos bien, significa paso de palomas. A un paso queda Hondarribia, en castellano Fuenterrabia, el último pueblo a este lado que bien merece un paseo por su casco viejo amurallado y su barrio de pescadores donde degustar un buen bacalao al ajo arriero acompañado por el típico Txacolí. En las mesas a tu alrededor, los comensales hablarán en parecida proporción euskera, francés o castellano.

St Jean de Luz 2

El primer pueblo del País Vasco Francés donde detenernos es St Jean de Luz. La distancia es corta; de hecho, una carrera popular, media maratón, une las dos villas. San Juan de Luz es ante todo su playa, un largo arenal al cual se asoman casas de construcción tradicional que no superan normalmente las tres alturas. El pueblo está protegido por un curioso muro que sirve también de promenade.  En ángulo con la playa, se abre el puerto que asimismo mantiene la presencia que lucía en el siglo XIX. Las calles interiores invitan a un gratificante y relajado paseo. No olvidemos que San Juan de Luz ha sido, y sigue siendo, una ciudad balneario.

Biarritz

Otros veintipico kilómetros para llegar a Biarritz. Más ciudad que su compañera, destacan una buena partida de edificios señoriales y los diques construidos para refugio de los barcos marineros. Biarritz conserva tal cual un rincón para sus hombres del mar. Capital del surf, su paseo costero resulta espectacular. Entre St Jean de Luz y Biarritz hacia el interior, a unos cincuenta kilómetros largos, se encuentra St Jean de Pied de Port, villa con sabor medieval que justifica plenamente el desvío.

De vuelta al recorrido principal, la siguiente y última parada será Baiona, capital del País Vasco Francés. De igual nombre que la villa gallega de las Rías Baixas, guarda algún parecido si se quiere encontrar. La zona más singular son las dos orillas del río Nive. Es una ciudad amurallada que mantiene su sabor medieval. Su sobria catedral gótica ofrece una parada tranquila. En los edificios de Baiona se nota que la relación con la arquitectura típica de Euskadi se ha ido diluyendo. Sea como sea, Euskalerría se constituye en el puente perfecto entre los dos Estados que administrativamente la acogen.

@marcialmallo

Berlín para un turista muy listo

Lo mismo que el anterior pero en castellano y con distinta foto.

foto (10)

Lo primero a llevar a cabo sería el llamado free tour. Sale de la Puerta de Brandenburgo y aporta una idea perfecta de la ciudad; los guías en castellano son muy buenos. Conviene reservar por Internet. La visita se hace a pie, son como dos horas a un ritmo tranquilo. Se pasa por sitios emblemáticos: el memorial judío del Holocausto, el Checkpoint Charlie o Gendanmenmarkt, la plaza de las dos catedrales donde tuvo lugar la quema de libros de los nazis, por ejemplo.
Visita los dos tramos de Muro que quedan en pie, muy distintos. Uno, la llamada East Side Gallery, donde unos 200 artistas internacionales hicieron grafittis alegóricos de la guerra. Y el otro tramo, en Bernauerstrasse, que facilita una mejor idea de lo que fue aquello. Sube a la torre, lleva un minuto y completas la visión. El museo del Checkpoint Charlie muestra unos cuantos intentos de salto del Muro, también interesante.
Tirando para el oeste de la Puerta, el Tiergarden al final del cual está la embajada española y el Wansee, un lago urbano. También hay un zoo en el parque. Justo al lado del lago, hay un restaurante donde merece la pena comer un día.
Tirando para el este, la gran avenida de Berlín, Under der Linden, desgraciadamente en obras.
La Isla de los museos, colindante con Under der Linden y rodeada por el río Spree, es la parte más monumental de la ciudad. Hay que ver cuando menos el Pérgamo, con piezas impresionantes. En el Neues Museum está Nefertiti, muy bonita, y arqueología egipcia. Los otros, para especialistas.
No lejos de la isla, tenéis la “ciudad vieja” de Berlín, pequeña (lo que se salvó de los bombardeos) pero aseada, en torno a la Iglesia de San Nicolás, de ladrillo rojo.
Para visitar el Reichstag, que está del lado de la Puerta de Brandenburgo, conviene reservar por Internet, aquí mismo.
En la Postdammer Platz, un hito del urbanismo contemporáneo, conviene subir hasta la taquilla de los cines y bajar por las escaleras eléctricas pues desde ellas tenéis una perspectiva imponente de la cúpula. Mejor de noche.
Debes ir a Hackescher Market, una zona comercial con mucha actividad. Visita el Hackescher Hoffe, los patios típicos de la construcción berlinesa, en este caso con arte e historia incorporados. Agradable para comer. Muy cerca, tenéis otra pequeña galería o callejón donde hay unos cines y veréis locales típicos de la bohemia berlinesa.
Los búnkeres son otra visita de interés. La mayoría son subterráneos, aquí incluso el link. Hay uno de superficie bien sugerente, ahora convertido en galería de arte contemporáneo, la llamada Boros Collection. Creo que merece la pena también. De nuevo, conviene reservar por Internet.
En el barrio judío, la sinagoga es un edificio interesante, la fachada. Casi enfrente, tienes lo que quedó de un gran edificio okupa que acaban de desalojar hace unos meses.
Y no me perdería Postdam desde luego. Se llega en metro. Es un pueblo típico centroeuropeo del tiempo de las monarquías del XVIII. El palacio de Sanssouci vale una parada, por supuesto.
Si queda tiempo, Spandau, en las afueras, el palacio de Charlotembourg, el aeropuerto de Tempelhof o la Fundación Helmut Newton son otras opciones.
Deja para el final Alexander Platz, una de las más feas plazas del mundo, pero mítica, claro. Sube el último día a la torre de comunicación, te servirá para repasar el plano de Berlín y todo lo que viste durante las jornadas anteriores.

@marcialmallo

Consellos para un turista en Berlín

Por razóns que non veñen a conto, nos últimos tres anos visitei Berlín ata dez veces. Por moito que me resistira, a cidade gozou de demasiadas oportunidades para deixar pegada. Así que, aínda non sabendo se o sentimento caeu do lado do amor ou na banda do rencor, un foise afacendo a ruar polos seus distintos barrios e mesmo apreciar os seus, múltiples, hai que dicilo, highlights.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Berlín non é unha desas cidades que llelo poñan fácil aos turistas así que unha microguía elaborada por un tipo experimentado pode servos útil. Estas son as miñas recomendacións:

O primeiro a facer sería o chamado free tour. Sae da Porta de Brandenburgo e achega unha idea perfecta da cidade; os guías en castelán son moi bos. Convén reservar por Internet. A visita faise a pé, son como dúas horas a un ritmo tranquilo. Pásase por sitios emblemáticos como o memorial xudeu do holocausto, o Checkpoint Charlie ou Gendanmenmarkt, a praza das dúas catedrais onde tivo lugar a queima de libros dos nazis, por exemplo.

Visita os dous tramos de Muro que quedan en pé, moi distintos. Un, a chamada East Side Gallery, onde uns 200 artistas internacionais fixeron grafittis alegóricos da guerra. E o outro tramo, en Bernauerstrasse, que dá unha mellor idea do que foi aquilo. Sobe á torre, leva un minuto e completas a visión. O museo do Checkpoint Charlie amosa unha chea de intentos de salto do muro, tamén interesante.

Tirando para o oeste da Porta, Tiergarden, ao final do cal está a embaixada española e o Wansee, un lago urbano. Tamén hai un zoo no parque. Xusto a carón do lago, hai un restaurante onde paga a pena xantar un día.

Tirando para o leste, a gran avenida de Berlín, Under der Linden, desgrazadamente en obras.

A Illa dos museos, lindeira con Under der Linden e rodeada polo río Spree, é a parte máis monumental da cidade. Hai que ver cando menos o Pérgamo, que paga a pena, e no Neues Museum está Nefertiti, moi bonitiña. O resto deste, arqueoloxía exipcia. Os outros, para especialistas.

Non lonxe da illa, tedes a “cidade vella” de Berlín, pequena (o que se salvou dos bombardeos) pero feitiña, en torno á Igrexa de San Nicolás, de ladrillo vermello.

Para visitar o Reichstag, que está ao lado da Porta de Brandenburgo, convén reservar por Internet, aquí mismo.

Na Postdammer Platz, un fito do urbanismo contemporáneo, convén subir ata a taquilla dos cines e baixar polas escaleiras eléctricas pois desde elas vedes a perspectiva impresionante de cúpula. Mellor de noite.

Debes ir a Hackescher Market, unha zona comercial e con moita actividade. Visita o Hackescher Hoffe, os patios típicos da construción berlinesa, neste caso con arte e historia incorporados. Agradable para comer. Moi preto, tedes outra pequena galería ou calexa onde hai uns cines e veredes locais típicos da bohemia berlinesa; referencia: Dead Chickens.

Os búnkeres son outra visita de interese. A maioría son subterráneos, aquí mesmo o link. Hai un de superficie impresionante, agora convertido en galería de arte contemporáneo, a chamada Boros Collection. Coido que paga a pena tamén. De novo, convén reservar por Internet.

No barrio xudeu, a sinagoga é un edificio interesante, a fachada. Case en fronte, tes o que quedou dun gran edificio okupa que acaban de desaloxar hai uns meses.

E non me perdería Postdam dende logo. Chégase en metro. É unha vila típica centroeuropea do tempo das monarquías do XVIII. O palacio de Sanssouci ben vale unha parada.

Se queda tempo, Spandau, nas aforas, o palacio de Charlotembourg, o aeroporto de Tempelhof ou a Fundación Helmut Newton son outras opcións.

Deixa para o final Alexander Platz, unha das máis feas prazas do mundo, pero mítica, claro. Sobe o último día á torre de comunicación, servirache para repasar o plano de Berlín e todo o que viches.

Ata aquí. De nada.

Alén do Douro

(Após o ataque do sábado contra Pallarega, podería publicar unha anotación verbo dalgún crítico literario, ou verbo do trato dos medios á literatura galega, ou  verbo dos intereses informativos, ou verbo da situación da prensa, por exemplo. Porén, hoxe falarei de Extramadura, un asunto bastante máis edificante).

Andabamos por aquelas terras, concretamente na vila monacal de Guadalupe, cando nos contestan: “Nosotros también somos extranjeros“. Preguntabamos por un punto sinalado no mapa turístico e o noso interlocutor, vestido en rigoroso traxe de faena, resultou ser boliviano. Tiña razón aquel operario municipal nacido en lonxano continente: nós, en efecto, sentiámonos estranxeiros. Nada nos unía aos cidadáns de alén do Douro. A falta de sintonía ficou reflectida en múltiples ocasións malia ser galegos moitos dos que chegaran para poboar aquela rexión noutrora inhóspita; malia presentar Estremadura, coma Galicia, unha base económica agraria e un reducido grao de desenvolvemento. 

A pobreza de Extremadura nótase nas estradas, baleiras; nas casas, humildes; no ritmo, lento, e nas facianas, enxoitas. Percíbese outrosí nos detalles: no mesmo Guadalupe, onde atopamos uns dos edificios máis impresionantes da península, vimos chegar unha excursión. “Ahí vienen los manteros”, escoitamos. Disque son grupos traídos por un distribuidor de téxtil espelido que, aproveitando o tirón da Santa entre a xente modesta, convoca demostracións de roupa de cama e outros tarecos domésticos, metendo ademais da visita ó Mosteiro xerónimo, o xantar no mesmo paquete. 

Se quedamos en Guadalupe, aprenderemos o que tal eran os libros miniados, que ademais de iluminados, levaban rodas para o seu traslado debido a un peso entre 40 e 60 quilogramos. Na súa elaboración traballaban curtidores, ourives, alquimistas e ferreiros. Difícil introducir estes cantoriles nun libro electrónico. Moito lle cantaban á Virxe, que dispón para o seu acicalamento de ata cinco coroas de diamantes, ouro e demais materiais preciosos. E non diciamos que Estremadura era tan pobre? 

Teñen, os estremeños, un campo ben ordenado; por tal motivo, seguramente bastante máis produtivo có galego. As cerdeiras, as oliveiras, as sobreiras, os carballos, dispóñense en amplas extensións que mesmo chegan a cubrir montes e vales enteiros. Por desgraza, o Jerte aínda non estaba en flor. Pasamos por el de camiño a Yuste, onde Carlos V escolleu un pequeno mosteiro para o seu retiro, o cal viña sendo unha antesala da morte. Que levaría vostede a unha illa deserta?, adoita preguntar o xornalista orixinal. Carlos V preguntouse o que debería levar a un mosteiro para esperar a morte. En Yuste vimos uns dos pouquísimos eucaliptos extremeños. Esta rexión tampouco sufriu a eucaliptización do seu medio, un fenómeno posiblemente único en Galicia. 

Antes de chegar a Extremadura, paramos en varios puntos da provincia de Salamanca, onde encontramos dúas características que comparten cos seus veciños do sur: a convivencia íntima coa natureza, presente na súa vida cotiá, e o respeto á arquitectura popular, a cal puxeron en valor en lugares como La Alberca ou Candelario. A primeira parada extremeña coincidiu en Plasencia, monumental, para seguir roteiro por Trujillo, inda máis, a romana Mérida, Cáceres, patrimonio da Humanidade, Coria ou Zafra. Esta última vila debe o seu nacemento e progreso aos Duques de Feria, que veñen sendo de orixe galega pois tal estirpe foi constituída polos señores Suárez de Figueroa, mira ti. 

Foi, coma tódalas viaxes, reveladora de informacións valiosas, sentimentos encontrados e diferenzas palpables. Chegamos nese estado de virtude propio dos que, durante uns días, conseguiron vivir afastados das miserias habituais que xenera a sociedade. E de súpeto topamos coa “crítica” do suplemento cultural dese xornal. E un pensa se tería sido unha boa idea a de regresar… 

 

Croacia con Ionesco

Tentando unha pobre emulación de Kapucinski, quen fixo as súas viaxes iniciáticas da man de Heródoto, eu percorrín Croacia –Hrvatska para os croatas– con Ionesco no peto. “Los hombres no se matan unos a otros porque sí; es indispensable la energía de la cólera”, pódese ler na novela do autor romanés “El solitario” xa mencionada neste blog hai un par de semanas. Quen fora creador, canda Beckett, do teatro do absurdo, quizais vía na guerra a obra cumio da arte dramática. Máis ca absurda, quen hoxe viaxe por Croacia, aquela chamada Guerra dos Balcáns que fora en realidade unha cadea de conflitos tráxicos, revelaráselle imposible. E sen embargo, sucedeu provocando arredor de 200.000 mortos.

Hoxe aquela cólera da que falaba Ionesco mudou en acougo. Pasear pola capital do país, a modélica Zagreb, percorrer a deliciosa península de Istria, bañarse nas piscinas naturais de Opatija ou desprazarse polo apoteótico litoral de Dalmacia, resulta, ante todo, un exercicio de paz. Como paz se alenta no Palacio de Diocleciano en Split, ou escoitando o murmurio do mar en Zadar, admirando o Patrimonio humanístico de Porec e Trogir, gozando dos xogos funambulistas da auga en Plevitce ou sentindo a fonda insularidade de Hvar. E Dubrovnik? Dubrovnik, que podería ser un paraíso monumental, tornouse un foco insoportable de explotación turística para pisar e marchar.

Croacia sintetiza séculos da historia de Europa, pois foi romana –espléndidos restos en Pula e Split–, parte bizantina –velaí Santa Eufrasia en Porec, Patrimonio da Humanidade–, parcialmente franca, longamente veneciana, puntualmente húngara, ocasionalmente turca, belicamente habsbúrxica, posteriormente italiana e sempre en medio de conflitos plurais e fronteiras movedizas. O certo é que na meirande parte dos séculos, Croacia, Eslavonia, Istria e Dalmacia viviron realidades independentes, ademais dalgunhas pequenas repúblicas como a de Dubrovnik. Datos salientables da inestabilidade do territorio son, por exemplo, o feito de que cidades notables como Rijeka ou Zadar fosen italianas antes da Segunda Guerra Mundial ou que a actual configuración de Croacia, acadada trala disolución da antiga Iugoslavia federal, nunca antes amosara o estado actual. Dalgún xeito, froito da intensa actividade constituinte do País, así como da súa propia localización entre os mundos mediterráneo – latino, por unha banda, e centroeuropeo – alemán, pola outra, Croacia transmite sensacións ben distintas segundo onde un se ache, con claras reminiscencias da Austria imperial nas cidades do norte, por exemplo, e fortes pegadas de arquitectura veneciana nas rexións máis occidentais.

Descoñecemos os motivos que propiciaron o fondo sentimento relixioso dos croatas o cal, dalgunha maneira, volve confirmar que credo e guerra nunca foron conceptos antagónicos. Igualmente ignoramos as causas que manteñen a Croacia ancorado musicalmente nos anos oitenta; o País semella un xigantesco karaoke: en calquera recanto se escoitan melodías doutros tempos, moitas de nítida evocación eurovisiva. O que si sabemos é que esta terra foi agasallada polos trasnos da natureza. A súa paisaxe quita a respiración por momentos e un querería ter ó seu carón a algún amante da fotografía capaz de levar a unha instantánea tal delirio de estampas únicas. Especialmente inesquecibles son os escenarios que crean as múltiples illas que van salferindo o litoral do país, en infinitas sucesións de formas, tamaños e alturas. Cada illa parece querer obter a mellor posición para saír na foto e mesmo hai algunhas que semellan estirar un cumio ou un linde con tal propósito.

Solamente dos o tres veces, creo, he tenido sueños azules. Sueños que a uno le pesa no recordar y no poder retener al alba, cuando no puede tocar más que sombras fugaces que se apagan con la claridad del día”. Seica Ionesco pensaba en Croacia, ese soño azul.

O terceiro cordón de Bos Aires

O principal beneficio que obtiven da moeda única foi ter escoitado a Nicolás Castellanos. Impartín un seminario na Universidade de Verán de Valencia. Como acto central da cerimonia de entrega de diplomas, anunciábase unha conferencia deste misioneiro boliviano, Premio Príncipe de Asturias da Concordia en 1998. Ademais das palabras de Nicolás Castellanos, interpretadas como laios delicados de socorro, a audiencia ficou conmovida polas imaxes que ía amosando durante a súa disertación, imaxes de miseria que, quizais, nunca antes sentíramos tan preto. Falaba da súa misión nos aneis que arrodean a cidade de La Paz, a capital de Bolivia. Cinco aneis que eran, ademais, distintivos de clase. No derradeiro, o máis alonxado da cidade, a máis poboado mesmo sen saber cantos seres humanos o habitaban, unha cidade sen lei nin máis misericordia có labor incualificable de aquel home pequeno con nome de tsar, as condicións de vida non acadaban o nivel animal.

Recordei a Nicolás Castellanos escoitando falar o meu sobriño Iago. Nada máis ten vinte e un anos e xa por segunda vez visita Bos Aires. Iago é a demostración palpable da reencarnación. Non hai outro xeito de xustificar a súa paixón cara a Arxentina. Relata con realismo e sentimento tentando trasladar a transcendencia do que aló viviu durante un mes intensísimo. Residiu en Capital, no barrio de Almagro e ri ó lembrar as chanzas que os porteños adoitan empregar cando citan o equipo de San Lorenzo, que houbo mudarse de Almagro a Boedo e de Boedo a Bajo Flórez. No lugar que ocupaba a súa cancha orixinal, agora se levanta un Carrefour. Fixéronlle unha canción, como a todo o que salienta dalgunha maneira: “Cuervo, ay qué tarado, fuí hasta tu cancha y me encontré con un mercado…” Os cuervos son os seareiros do San Lorenzo. Como nunca gañaron a Copa Libertadores, chámanos tamén os “alcohólicos anónimos”.

Durante a súa estadía, frecuentou Villa Fiorito, no partido Lanús, onde naceu Maradona. É un partido -municipio- de chabolas, villa miseria, berce de cartoneros, brutal contaminación; lugar para desdentados, desesperados, canfurneiros, cazadores urbanos e pistoleiros; un barrio para a espera permanente, a droga, o sexo barato, a fame, a música e o po. Está no primeiro cordón que arrodea Bos Aires. El riachuelo marca o seu linde. Peor que a peor das cloacas, se un pibe introduce un pé no río, extrae un isótopo radioactivo. Ante o que semella clara esaxeración, eu amoso escepticismo e el achega detalles: unha bolsa de cocaína boliviana véndese por 20 pesos, uns 4 euros; a inhalar pegamento chámano jalar poxi, expresión derivada dunha marca comercial. E á marihuana coñécena tamén por faso ou caño, préndete un caño, vamos a fumanchar, quememos un cohete. Cando lles queda pouco, tratan de apurar la tuca.

Que música escoitan?, pregunto. Ante todo cumbia colombiana, 24 horas, en calquera recanto ou situación. Pero tamén rock arxentino, Flor de Piedra, Damas gratis, Los redonditos de ricota ou Bersuit Vergarabat. Entón, chimpa da cadeira para me amosar o vídeo dunha canción deste último grupo, En la ribera. Véxoo e comprendo todo. Véxoo e pregúntolle: se este é o primeiro cordón de Bos Aires, como será o terceiro?